Lección 9: Nuestra Señora medianera junto a Jesucristo.

Si Jesucristo es mediador entre Dios y los hombres, ¿cuál es el papel de Nuestra Señora? ¿Tenemos necesidad de una medianera junto al propio intercesor que es Jesucristo? ¿Será tan grande nuestra pureza para que podamos unirnos directamente a Él por nosotros mismos? ¿Cómo María nos auxilia y nos ayuda a conservar las gracias y los tesoros recibidos de Dios?

Pongo a su disposición online el texto del tratado: https://bit.ly/TratadoVD

Meditación y Oraciones del día

Veni Creator Spíritus, Ave Maris Stella y Magnificat

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Señor, ten piedad de nosotros. Jesucristo, ten piedad de nosotros.

R/. Señor, ten piedad de nosotros.
Divino Espíritu Santo, óyenos.
Espíritu Santo Paráclito, escúchanos.

Dios Padre celestial, ten piedad de nosotros,
Dios Hijo Redentor del mundo, ten piedad de nosotros,
Dios Espíritu Santo, ten piedad de nosotros,
Santísima Trinidad que eres un sólo Dios, ten piedad de nosotros,
Espíritu de la verdad, ten piedad de nosotros,
Espíritu de la sabiduría, ten piedad de nosotros,
Espíritu de la inteligencia, ten piedad de nosotros,
Espíritu de la fortaleza, ten piedad de nosotros,
Espíritu de la piedad, ten piedad de nosotros,
Espíritu del buen consejo, ten piedad de nosotros,
Espíritu de la ciencia, ten piedad de nosotros,
Espíritu del santo temor, ten piedad de nosotros,
Espíritu de la caridad, ten piedad de nosotros,
Espíritu de la alegría, ten piedad de nosotros,
Espíritu de la paz, ten piedad de nosotros,
Espíritu de las virtudes, ten piedad de nosotros,
Espíritu de toda la gracia, ten piedad de nosotros,
Espíritu de la adopción de los hijos de Dios, ten piedad de nosotros,
Purificador de nuestras almas, ten piedad de nosotros,
Santificador y guía de la Iglesia Católica, ten piedad de nosotros,
Distribuidor de los dones celestiales, ten piedad de nosotros,
Conocedor de los pensamientos, ten piedad de nosotros,
y de las intenciones del corazón, ten piedad de nosotros,
Dulzura de los que comienzan a serviros, ten piedad de nosotros,
Corona de los perfectos, ten piedad de nosotros,
Alegría de los ángeles, ten piedad de nosotros,
Luz de los Patriarcas, ten piedad de nosotros,
Inspiración de los Profetas, ten piedad de nosotros,
Palabra y sabiduría de los Apóstoles, ten piedad de nosotros,
Victoria de los Mártires, ten piedad de nosotros,
Ciencia de los Confesores, ten piedad de nosotros,
Pureza de las Vírgenes, ten piedad de nosotros,
Unción de todos los Santos, ten piedad de nosotros,

Sednos propicio,
R. Perdónanos Señor.
Sednos propicio,
R. Escúchanos Señor.

De todo pecado, líbranos Señor.
De todas las tentaciones y celadas del demonio, líbranos Señor.
De toda presunción y desesperación, líbranos Señor.
Del ataque a la verdad conocida, líbranos Señor.
De la envidia de la gracia fraterna, líbranos Señor.
De toda obstinación e impenitencia, líbranos Señor.
De toda negligencia y liviandad de espíritu, líbranos Señor.
De toda impureza de la mente y del cuerpo, líbranos Señor.
De todas las herejías y errores, líbranos Señor.
De todo mal espíritu, líbranos Señor.
De la muerte mala y eterna, líbranos Señor.
Por Vuestra eterna procedencia del Padre y del Hijo, líbranos Señor.
Por la milagrosa concepción del Hijo de Dios, líbranos Señor.
Por Vuestro descendimiento sobre Jesús bautizado, líbranos Señor.
Por Vuestra santa aparición en la transfiguración del Señor, líbranos Señor.
Por Vuestra venida sobre los discípulos del Señor, líbranos Señor.
En el día del juicio, líbranos Señor.

Aunque pecadores, te rogamos óyenos,
Para que nos perdones, te rogamos óyenos,
Para que te dignes vivificar y santificar a todos los miembros de la Iglesia, te rogamos óyenos,
Para que te dignes concedernos el don de la verdadera piedad, devoción y oración, te rogamos óyenos,
Para que te dignes inspirarnos sinceros afectos de misericordia y de caridad, te rogamos óyenos,
Para que te dignes crear en nosotros un espíritu nuevo y un corazón puro, te rogamos óyenos,
Para que te dignes concedernos verdadera paz y tranquilidad de corazón, te rogamos óyenos,
Para que nos hagas dignos y fuertes, para soportar las persecuciones por amor a la justicia, te rogamos óyenos,
Para que te dignes confirmarnos en tu gracia, te rogamos óyenos,
Para que nos recibas en el número de tus elegidos, te rogamos óyenos,
Para que te dignes atendernos, te rogamos óyenos,
Espíritu de Dios, te rogamos óyenos,

V/Cordero de Dios, que quitas los pecados del mundo,
R/.Envíanos el Espíritu Santo.
V/Cordero de Dios, que quitas los pecados del mundo,
R/.Mándanos el Espíritu prometido del Padre.

V/Cordero de Dios, que quitas los pecados del mundo,
R/.Dadnos el buen Espíritu Espíritu Santo, óyenos.

V/Espíritu Consolador, escúchanos.
V/. Envía tu Espíritu y todo será creado,
R/. Y renovarás la faz de la tierra.
Oremos. ¡Oh Dios! que aleccionaste a los corazones de Tus fieles
con la ciencia del Espíritu Santo,
haz que, guiados por este mismo
Espíritu, apreciemos las dulzuras
del bien, y gocemos siempre de Sus
divinos consuelos, por Jesucristo
Nuestro Señor.

Amén.
Salve, del mar Estrella,
Salve, Madre sagrada
De Dios y siempre Virgen,
Puerta del cielo Santa.

Tomando de Gabriel
El Ave, Virgen alma,
Mudando el nombre de Eva,
Paces divinas trata.

La vista restituye,
Las cadenas desata,
Todos los males quita,
Todos los bienes causa.

Muéstrate Madre, y llegue
Por Ti nuestra esperanza
A quien, por darnos vida,
Nació de tus entrañas.

Entre todas piadosa,
Virgen, en nuestras almas,
Libres de culpa, infunde
Virtud humilde y casta.

Vida nos presta pura,
Camino firme allana;
Que quien a Jesús llega,
Eterno gozo alcanza.

Al Padre, al Hijo, al Santo
Espíritu alabanzas;
Una a los tres le demos,
Y siempre eternas gracias

Señor, ten piedad de nosotros. Jesucristo, ten piedad de nosotros. R/. Señor, ten piedad de nosotros.

Jesucristo, óyenos.
R/. Jesucristo, escúchanos

Dios Padre celestial, ten piedad de nosotros.
Dios Hijo Redentor del mundo, ten piedad de nosotros.
Dios Espíritu Santo, ten piedad de nosotros.
Santísima Trinidad que eres un sólo Dios, ten piedad de nosotros.
Santa María, ruega por nosotros,
Santa Madre de Dios, ruega por nosotros,
Santa Virgen de las Vírgenes, ruega por nosotros,
Madre de Cristo, ruega por nosotros,
Madre de la Divina Gracia, ruega por nosotros,
Madre purísima, ruega por nosotros,
Madre castísima, ruega por nosotros,
Madre intacta, ruega por nosotros,
Madre incorrupta, ruega por nosotros,
Madre Inmaculada, ruega por nosotros,
Madre amable, ruega por nosotros,
Madre admirable, ruega por nosotros,
Madre del buen Consejo, ruega por nosotros,
Madre del Creador, ruega por nosotros,
Madre del Salvador, ruega por nosotros,
Madre y ornato del Carmelo, ruega por nosotros,
Madre de la Iglesia, ruega por nosotros,
Virgen prudentísima, ruega por nosotros,
Virgen digna de veneración, ruega por nosotros,
Virgen digna de alabanza, ruega por nosotros,
Virgen poderosa, ruega por nosotros,
Virgen clemente, ruega por nosotros,
Virgen fiel, ruega por nosotros,
Virgen flor del Carmelo, ruega por nosotros,
Espejo de justicia, ruega por nosotros,
Trono de la sabiduría, ruega por nosotros,
Causa de nuestra alegría, ruega por nosotros,
Vaso espiritual, ruega por nosotros,
Vaso honorable, ruega por nosotros,
Vaso insigne de devoción, ruega por nosotros,
Rosa mística, ruega por nosotros,
Torre de David, ruega por nosotros,
Torre de marfil, ruega por nosotros,
Casa de oro, ruega por nosotros,
Arca de la alianza, ruega por nosotros,
Puerta del cielo, ruega por nosotros,
Estrella de la mañana, ruega por nosotros,
Salud de los enfermos, ruega por nosotros,
Refugio de los pecadores, ruega por nosotros,
Consuelo de los afligidos, ruega por nosotros,
Auxilio de los cristianos, ruega por nosotros,
Patrona de los carmelitas, ruega por nosotros,
Reina de los ángeles, ruega por nosotros,
Reina de los patriarcas, ruega por nosotros,
Reina de los profetas, ruega por nosotros,
Reina de los apóstoles, ruega por nosotros,
Reina de los mártires, ruega por nosotros,
Reina de los confesores, ruega por nosotros,
Reina de las vírgenes, ruega por nosotros,
Reina de todos los santos, ruega por nosotros,
Reina concebida sin pecado original, ruega por nosotros,
Reina asunta al cielo, ruega por nosotros,
Reina del Santísimo Rosario, ruega por nosotros,
Reina de la familia, ruega por nosotros,
Reina de la paz, ruega por nosotros,
Esperanza de todos los carmelitas, ruega por nosotros,

Cordero de Dios, que quitas los
pecados del mundo,
R/. perdónanos, Señor.
Cordero de Dios, que quitas los
pecados del mundo,
R/. escúchanos, Señor.
Cordero de Dios, que quitas los
pecados del mundo,
R/. ten piedade de nosotros.

V/. Ruega por nosotros Santa
Madre de Dios,
R/. Para que seamos dignos de
alcanzar las promesas de Nuestro
Señor Jesucristo. Amén.

Oremos. Concédenos, Señor, a
nosotros tus siervos, gozar de perpetua salud de alma y de cuerpo,
y por la gloriosa intercesión de la
bienaventurada siempre Virgen
María, vernos libres de las tristezas de la vida presente y gozar
de las alegrías eternas. Por Cristo
nuestro Señor.

Amén.
Tratado de la Verdadera Devoción, núms. 81 y 82

Por aquel tiempo se presentaron algunos, que le contaron lo de los galileos, cuya sangre había mezclado Pilato con la de los sacrificios que ofrecían, y respondiéndoles, dijo: ¿Pensáis que esos galileos eran más pecadores que los otros por haber padecido todo esto? Yo os digo que no, y que, si no hiciereis penitencia, todos igualmentepe receréis. Aquellos dieciocho sobre los que cayó la torre de Siloé y los mató, ¿creéis que eran más culpables que todos los hombres que moraban en Jerusalén? Os digo que no, y que, si no hiciereis penitencia, todos igualmente pereceréis. (San Lucas, cap. 13, 1-5) Necesitamos a María para morir a nosotros mismos Para vaciarnos de nosotros mismos es menester morir a nosotros mismos todos los días; es decir, es menester renunciar a las operaciones de las facultades de nuestra alma y de los sentimientos de nuestro cuerpo; es menester ver como si no se viese, oír como si no se oyese, servirse de las cosas de este mundo como si no se sirviese uno de ellas, lo cual llama San Pablo morir todos los días: Quotidie morior (1 Cor, 15, 31).

Si al caer el grano de trigo en la tierra no muere, permanece solo y no produce fruto bueno (Jn,12,24). Si no morimos a nosotros mismos y si nuestras devociones más santas no nos conducen a esta muerte necesaria y fecunda, no produciremos fruto alguno, y serán inútiles nuestras devociones; todos nuestros actos de justicia estarán mancillados por el amor propio y la propia voluntad, lo que hará que Dios tenga por abominación los mayores sacrificios y las mejores acciones que podamos ejecutar, y a nuestra muerte nos hallaremos con las manos vacías de virtudes y de méritos, y no tendremos una centella del amor puro que sólo se comunica a las almas muertas a sí mismas, cuya vida se esconde con Jesucristo en Dios. Es menester escoger entre todas las devociones a la Santísima Virgen, la que más nos lleve a esta muerte propia, como que es la mejor y más santificante, porque ni es oro todo lo que reluce, ni miel todo lo dulce, ni lo más factible y practicado por la mayoría es lo más perfecto. Como en el orden de la naturaleza hay operaciones que se hacen a poca costa y con facilidad, asimismo en el de la gracia hay secretos que se ejecutan en poco tiempo, con dulzura y facilidad, operaciones sobrenaturales y divinas que consisten en vaciarse de sí mismo y llenarse de Dios, y lograr así la perfección.

83. Es más perfecto –pues es más humilde– no aproximarnos a Dios por nosotros mismos, sin tomar un mediador. Siendo tan corrompido nuestro fondo como acabo de demostrar, si nos apoyamos en nuestros trabajos, industrias, preparaciones, para llegar a Dios y agradarle, ciertamente las obras de nuestra justificación quedarán manchadas o tendrán poco peso ante Dios, para moverlo a unirse a nosotros y hacer que nos atienda. Ya que no es sin razón que Dios nos ha dado mediadores delante de su Majestad, pues Él ha visto nuestra indignidad e incapacidad, y ha tenido piedad de nosotros, y para darnos acceso a sus misericordias nos ha provisto de intercesores poderosos ante su grandeza; de tal suerte que ser negligentes en relación a estos mediadores, y aproximarse directamente de su santidad sin recomendación ninguna, es faltar a la humildad, es faltar al respeto hacia un Dios tan alto y tan santo; es hacer menos caso de ese Rey de reyes, que el que se haría de un rey o de un príncipe de la tierra, del cual nadie osaría acercarse sin algún amigo que por él hablase.

84. Nuestro Señor es nuestro abogado y medianero de redención ante Dios Padre; es por su intermedio que debemos rogar con toda la Iglesia triunfante y militante; por Él tenemos acceso ante su Majestad, y solamente apoyados y revestidos de sus méritos es como debemos presentarnos ante Dios, como el pequeño Jacob revestido de las pieles de sus cabritos frente a su padre Isaac, para recibir su bendición.

85. Pero, ¿no tenemos necesidad alguna de un mediador para con el mismo mediador? ¿Nuestra pureza es tan grande como para unirnos directamente a Él y por medio de nosotros mismos? ¿No es acaso Él igual al Padre en todas las cosas, y en consecuencia el Santo de los Santos, tan digno de respeto como su Padre? Si movido por su caridad infinita se hizo nuestro fiador y mediador ante Dios su Padre, para apaciguarlo y pagar lo que nosotros le debíamos, ¿es por esto que debemos tener menos respeto y temor hacia su majestad y santidad? Digamos pues sin temor con San Bernardo, que nosotros tenemos necesidad de un mediador ante el Mediador mismo, y que la divina María es la más capacitada para llenar este oficio caritativo; Jesucristo ha venido al mundo por medio de Ella, y es por medio de Ella como debemos llegar a Él. Si tememos ir directamente a Jesucristo nuestro Dios, por causa de su grandeza infinita, o a causa de nuestra bajeza, o por causa de nuestros pecados, imploremos osadamente la ayuda e intercesión de María nuestra Madre: Ella es buena, Ella es tierna; y no hay nada en Ella de austero ni repulsivo, ni aún de muy sublime y brillante. Viéndola, vemos nuestra pura naturaleza. Ella no es el sol, que por la vivacidad de sus rayos podría deslumbrarnos a causa de nuestra debilidad; mas es bella y dulce como la luna (Cant. 6, 9), que recibe su luz del sol y la tempera acomodándola a nuestra insignificancia. Es tan caritativa que no tiene repulsa en relación a aquellos que piden su intercesión, por más pecadores que sean, porque –como dicen los santos– jamás se oyó decir, desde que el mundo es mundo, que ninguno haya recurrido a la Santísima Virgen con confianza y perseverancia y haya sido rechazado. Ella es tan poderosa, que nunca ha sido desoída en sus súplicas; no tiene más que mostrarse delante de su Hijo para rogarle; inmediatamente, Él concede y recibe, siendo amorosamente vencido por los suspiros, las entrañas y las súplicas de su santísima Madre.

86. Todo esto es sacado de San Bernardo y de San Buenaventura; de tal suerte que, según ellos, nosotros hemos de subir tres escalones para ir hasta Dios: el primero, que es el más próximo a nosotros y el más conforme a nuestra capacidad, es María; el segundo, es Jesucristo; y el tercero es Dios Padre. Para ir hacia Jesús, es preciso ir a María, pues es nuestra medianera de intercesión; para ir al Padre Eterno es menester ir a Jesús, que es nuestro mediador de redención. Ahora bien, por medio de la devoción que a continuación explicaré, se guarda perfectamente este orden.

Artículo V

Nos cuesta mucho conservar las gracias y los tesoros recibidos de Dios

Quinta Verdad

87. Es muy difícil, dada nuestra debilidad y fragilidad, conservar en nosotros las gracias y los tesoros que hemos recibido de Dios: 1º – Porque tenemos en vasos frágiles este tesoro que vale más que el cielo y la tierra: Habemus thesaurum istum in vasis fictilibus (2 Cor. 4, 7), en un cuerpo corruptible, en un alma débil e inconstante, que por nada se turba y abate.

88. 2º – Porque los demonios, que son astutos ladrones, desean sorprendernos de improviso para robarnos y despojarnos: espían día y noche el momento favorable para ello, y dan vueltas en torno nuestro incesantemente para devorarnos y quitarnos en un instante, por un pecado, todo lo que hemos podido ganar de gracias y méritos en muchos años. Su malicia, su experiencia, sus astucias y su muchedumbre deben hacernos temer infinitamente esta desgracia, una vez que personas más llenas de gracias, más ricas en virtudes, más fundamentadas en la experiencia y elevadas en santidad, han sido sorprendidas, robadas y saqueadas lastimosamente. ¡Ah! ¡Cuántos cedros del Líbano y estrellas del firmamento se han visto caer miserablemente y perder su elevación y claridad en poco tiempo! ¿De dónde se ha originado esta extraña mudanza? No ha sido por falta de gracia, de quien nadie carece, sino por falta de humildad. Ellos se han creído más fuertes y autosuficientes de lo que eran en realidad; se han creído capaces de guardar sus tesoros; se han fiado y apoyado en sí mismos; creyeron su casa tan segura, y sus cofres tan fuertes para guardar el precioso tesoro de la gracia; y a causa de este apoyo imperceptible que tenían en sí mismos, el Señor muy justamente ha permitido que hayan sido robados, abandonándolos a sus solas fuerzas. ¡Ah! ¡Si ellos hubieran conocido la devoción admirable que mostraré enseguida, habrían confiado su tesoro a una Virgen poderosa y fiel que les habría guardado como su bien propio, e incluso se hubiera obligado a ello como en justicia!

89. 3º – Es difícil perseverar en la gracia a causa de la extraña corrupción del mundo. El mundo es ahora tan corrompido, que es como necesario que los corazones piadosos sean mancillados si no por su sieno, al menos por su polvo; de tal modo que es una especie de milagro cuando alguien permanece firme en medio de este torrente impetuoso sin dejarse arrastrar por él; en medio de este mar borrascoso, sin ser sumergido o saqueado por los piratas y corsarios; en medio de este aire viciado, sin quedar contagiado. Es únicamente por causa de la Virgen fiel, en quien jamás tuvo parte la serpiente, que este milagro se realiza en favor de aquellos y aquellas que la sirven de la mejor manera.

Lecciones del Curso

Bibliografía

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CATECISMO DE LA IGLESIA CATÓLICA. Madrid: Asociación de Editores del Catecismo, 2005.

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RAGAZZINI, Severiano. María, vida del alma. Barcelona: Balmes, 1986.

ROYO MARÍN, Antonio. La Virgen María. Madrid: BAC, 1968.

SAN LUIS MARÍA GRIGNON DE MONTFORT. Tratado de la verdadera devoción a la Santísima Virgen. Madrid: Apostolado de la Prensa, 1910.

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