Lección 25: Prácticas exteriores particulares de esta devoción (continuación).

“Pocos cristianos conocen el valor, mérito, excelencia y la necesidad del Ave María”, dice San Luis Grignion. En esta aula conoceremos mejor, con muchos ejemplos históricos, la fuerza del saludo angélico. Además, tenemos mucho que agradecer a Dios por haber nos dado a María. Así, es preciso tener una devoción especial a aquella oración del Magníficat, compuesta por Ella misma. Por fin, veremos cuánto los fieles esclavos de María deben desapegarse del espíritu del mundo.

Pongo a su disposición online el texto del tratado: https://bit.ly/TratadoVD

Meditación y Oraciones del día

Veni Creator Spíritus, Ave Maris Stella y Magnificat

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Señor, ten piedad de nosotros. Jesucristo, ten piedad de nosotros.

R/. Señor, ten piedad de nosotros.
Divino Espíritu Santo, óyenos.
Espíritu Santo Paráclito, escúchanos.

Dios Padre celestial, ten piedad de nosotros,
Dios Hijo Redentor del mundo, ten piedad de nosotros,
Dios Espíritu Santo, ten piedad de nosotros,
Santísima Trinidad que eres un sólo Dios, ten piedad de nosotros,
Espíritu de la verdad, ten piedad de nosotros,
Espíritu de la sabiduría, ten piedad de nosotros,
Espíritu de la inteligencia, ten piedad de nosotros,
Espíritu de la fortaleza, ten piedad de nosotros,
Espíritu de la piedad, ten piedad de nosotros,
Espíritu del buen consejo, ten piedad de nosotros,
Espíritu de la ciencia, ten piedad de nosotros,
Espíritu del santo temor, ten piedad de nosotros,
Espíritu de la caridad, ten piedad de nosotros,
Espíritu de la alegría, ten piedad de nosotros,
Espíritu de la paz, ten piedad de nosotros,
Espíritu de las virtudes, ten piedad de nosotros,
Espíritu de toda la gracia, ten piedad de nosotros,
Espíritu de la adopción de los hijos de Dios, ten piedad de nosotros,
Purificador de nuestras almas, ten piedad de nosotros,
Santificador y guía de la Iglesia Católica, ten piedad de nosotros,
Distribuidor de los dones celestiales, ten piedad de nosotros,
Conocedor de los pensamientos, ten piedad de nosotros,
y de las intenciones del corazón, ten piedad de nosotros,
Dulzura de los que comienzan a serviros, ten piedad de nosotros,
Corona de los perfectos, ten piedad de nosotros,
Alegría de los ángeles, ten piedad de nosotros,
Luz de los Patriarcas, ten piedad de nosotros,
Inspiración de los Profetas, ten piedad de nosotros,
Palabra y sabiduría de los Apóstoles, ten piedad de nosotros,
Victoria de los Mártires, ten piedad de nosotros,
Ciencia de los Confesores, ten piedad de nosotros,
Pureza de las Vírgenes, ten piedad de nosotros,
Unción de todos los Santos, ten piedad de nosotros,

Sednos propicio,
R. Perdónanos Señor.
Sednos propicio,
R. Escúchanos Señor.

De todo pecado, líbranos Señor.
De todas las tentaciones y celadas del demonio, líbranos Señor.
De toda presunción y desesperación, líbranos Señor.
Del ataque a la verdad conocida, líbranos Señor.
De la envidia de la gracia fraterna, líbranos Señor.
De toda obstinación e impenitencia, líbranos Señor.
De toda negligencia y liviandad de espíritu, líbranos Señor.
De toda impureza de la mente y del cuerpo, líbranos Señor.
De todas las herejías y errores, líbranos Señor.
De todo mal espíritu, líbranos Señor.
De la muerte mala y eterna, líbranos Señor.
Por Vuestra eterna procedencia del Padre y del Hijo, líbranos Señor.
Por la milagrosa concepción del Hijo de Dios, líbranos Señor.
Por Vuestro descendimiento sobre Jesús bautizado, líbranos Señor.
Por Vuestra santa aparición en la transfiguración del Señor, líbranos Señor.
Por Vuestra venida sobre los discípulos del Señor, líbranos Señor.
En el día del juicio, líbranos Señor.

Aunque pecadores, te rogamos óyenos,
Para que nos perdones, te rogamos óyenos,
Para que te dignes vivificar y santificar a todos los miembros de la Iglesia, te rogamos óyenos,
Para que te dignes concedernos el don de la verdadera piedad, devoción y oración, te rogamos óyenos,
Para que te dignes inspirarnos sinceros afectos de misericordia y de caridad, te rogamos óyenos,
Para que te dignes crear en nosotros un espíritu nuevo y un corazón puro, te rogamos óyenos,
Para que te dignes concedernos verdadera paz y tranquilidad de corazón, te rogamos óyenos,
Para que nos hagas dignos y fuertes, para soportar las persecuciones por amor a la justicia, te rogamos óyenos,
Para que te dignes confirmarnos en tu gracia, te rogamos óyenos,
Para que nos recibas en el número de tus elegidos, te rogamos óyenos,
Para que te dignes atendernos, te rogamos óyenos,
Espíritu de Dios, te rogamos óyenos,

V/Cordero de Dios, que quitas los pecados del mundo,
R/.Envíanos el Espíritu Santo.
V/Cordero de Dios, que quitas los pecados del mundo,
R/.Mándanos el Espíritu prometido del Padre.

V/Cordero de Dios, que quitas los pecados del mundo,
R/.Dadnos el buen Espíritu Espíritu Santo, óyenos.

V/Espíritu Consolador, escúchanos.
V/. Envía tu Espíritu y todo será creado,
R/. Y renovarás la faz de la tierra.
Oremos. ¡Oh Dios! que aleccionaste a los corazones de Tus fieles
con la ciencia del Espíritu Santo,
haz que, guiados por este mismo
Espíritu, apreciemos las dulzuras
del bien, y gocemos siempre de Sus
divinos consuelos, por Jesucristo
Nuestro Señor.

Amén.
Salve, del mar Estrella,
Salve, Madre sagrada
De Dios y siempre Virgen,
Puerta del cielo Santa.

Tomando de Gabriel
El Ave, Virgen alma,
Mudando el nombre de Eva,
Paces divinas trata.

La vista restituye,
Las cadenas desata,
Todos los males quita,
Todos los bienes causa.

Muéstrate Madre, y llegue
Por Ti nuestra esperanza
A quien, por darnos vida,
Nació de tus entrañas.

Entre todas piadosa,
Virgen, en nuestras almas,
Libres de culpa, infunde
Virtud humilde y casta.

Vida nos presta pura,
Camino firme allana;
Que quien a Jesús llega,
Eterno gozo alcanza.

Al Padre, al Hijo, al Santo
Espíritu alabanzas;
Una a los tres le demos,
Y siempre eternas gracias

"Señor, ten piedad de nosotros.
Señor, ten piedad de nosotros.
Cristo,ten piedad de nosotros.
Cristo,ten piedad de nosotros.
Señor, ten piedad de nosotros.
Señor, ten piedad de nosotros.
Cristo, óyenos.
Cristo, óyenos.
Cristo, escúchanos.
Cristo, escúchanos
Dios, Padre Celestial,  ten piedad de nosotros.
Dios Hijo, Redentor del mundo, ten piedad de nosotros.


Corazón de Jesús, Hijo del Eterno Padre,  ten piedad de nosotros.
Corazón de Jesús, formado en el seno de la Virgen Madre por el Espíritu Santo, ten piedad de nosotros.
Corazón de Jesús, unido sustancialmente al Verbo de Dios,ten piedad de nosotros.
Corazón de Jesús, de infinita majestad, ten piedad de nosotros.
Corazón de Jesús, templo santo de Dios, ten piedad de nosotros.
Corazón de Jesús, tabernáculo del Altísimo, ten piedad de nosotros.
Corazón de Jesús, casa de Dios y puerta del cielo, ten piedad de nosotros.
Corazón de Jesús, horno ardiente de caridad, ten piedad de nosotros.
Corazón de Jesús, santuario de la justicia y del amor, ten piedad de nosotros.
Corazón de Jesús, lleno de bondad y de amor, ten piedad de nosotros.
Corazón de Jesús, abismo de todas las virtudes, ten piedad de nosotros.
Corazón de Jesús, digno de toda alabanza, ten piedad de nosotros.
Corazón de Jesús, Rey y centro de todos los corazones, ten piedad de nosotros.
Corazón de Jesús, en quien se hallan todos los tesoros de la sabiduría y de la ciencia, ten piedad de nosotros.
Corazón de Jesús, en quien reside toda la plenitud de la divinidad, ten piedad de nosotros.
Corazón de Jesús, en quien el Padre se complace, ten piedad de nosotros.
Corazón de Jesús, de cuya plenitud todos hemos recibido, ten piedad de nosotros.
Corazón de Jesús, deseado de los eternos collados, ten piedad de nosotros.
Corazón de Jesús, paciente y lleno de misericordia, ten piedad de nosotros.
Corazón de Jesús, generoso para todos los que te invocan, ten piedad de nosotros.
Corazón de Jesús, fuente de vida y santidad, ten piedad de nosotros.
Corazón de Jesús, propiciación por nuestros pecados, ten piedad de nosotros.
Corazón de Jesús, colmado de oprobios, ten piedad de nosotros.
Corazón de Jesús, triturado por nuestros pecados, ten piedad de nosotros.
Corazón de Jesús, hecho obediente hasta la muerte, ten piedad de nosotros.
Corazón de Jesús, traspasado por una lanza, ten piedad de nosotros.
Corazón de Jesús, fuente de todo consuelo, ten piedad de nosotros.
Corazón de Jesús, vida y resurrección nuestra, ten piedad de nosotros.
Corazón de Jesús, paz y reconciliación nuestra, ten piedad de nosotros.
Corazón de Jesús, víctima por los pecadores, ten piedad de nosotros.
Corazón de Jesús, salvación de los que en ti esperan, ten piedad de nosotros.
Corazón de Jesús, esperanza de los que en ti mueren, ten piedad de nosotros.
Corazón de Jesús, delicia de todos los santos, ten piedad de nosotros.
Cordero de Dios, que quitas el pecado del mundo, perdónanos Señor.
Cordero de Dios, que quitas el pecado del mundo, óyenos Señor.
Cordero de Dios, que quitas el pecado del mundo, ten piedad de nosotros.
V. Jesús, manso y humilde de Corazón,
R. Haz nuestro corazón semejante al tuyo.
Oremos: Oh Dios todopoderoso y eterno, mira el Corazón de tu amadísimo Hijo, las alabanzas y satisfacciones que en nombre de los pecadores te ofrece, concede el perdón a éstos que piden misericordia en el nombre de tu mismo Hijo, Jesucristo, el cual vive y reina contigo por los siglos de los siglos.

Amén.
Ven, ¡Oh Jesús!, que vives en María; ven a vivir y reinar en nosotros, que tu vida se exprese en nuestra vida para vivir tan sólo para Ti. Forja en nuestra alma, ioh, Cristo!, tus virtudes, tu Espíritu divino y santidad, tus máximas perfectas y tus normas y el ardor de tu eterna caridad. Danos parte, Señor, en tus misterios para que te podamos imitar; tú que eres Luz de Luz, danos tus luces, y en pos de ti podremos caminar. Reina, Cristo, en nosotros por tu Madre, sobre el demonio y la naturaleza, en virtud de tu nombre soberano, para la gloria del Padre celestial.
Amén
Vos sois, oh Cristo Jesús, mi Padre santo, mi Dios misericordioso, mi Rey infinitamente grande; sois mi buen pastor, mi único maestro, mi auxilio lleno de bondad, mi bienamado de una belleza maravillosa, mi pan vivo, mi sacerdote eterno, mi guía para la patria, mi verdadera luz, santa dulzura, mi camino recto, mi preclara sapiencia, mi pura simplicidad, mi paz y concordia; sois, en fin, toda mi salvaguardia, mi herencia preciosa, mi eterna salvación. Oh Jesucristo, amable señor, ¿por qué en toda mi vida, amé, por qué deseé otra cosa sino Vos? ¿Dónde estaba yo cuando no pensaba en Vos? ¡Ah, que a partir de ahora, mi corazón sólo os desee y por Vos se abrase, Señor Jesús! Deseos de mi alma, corred, que ya bastante tardasteis; apresuraros hacia el fin al que aspiráis; procurad de verdad Aquél que buscáis. Oh Jesús, anatema sea quien no os ama. Aquél que no os ama se llene de amarguras.

Oh dulce Jesús, sed el amor, las delicias, la admiración de todo corazón dignamente consagrado a vuestra gloria. Dios de mi corazón y mi plenitud, Jesucristo, que en Vos mi corazón desfallezca, y sed Vos mismo mi vida. Enciéndase en mi alma la brasa ardiente de vuestro amor, y se convierta en un incendio todo divino, al arder para siempre en el altar de mi corazón; que inflame lo íntimo de mi ser y abrase el fondo de mi alma; para que, en el día de mi muerte, aparezca delante de Vos enteramente consumido en vuestro amor. Así sea.
Oración de Santo Tomás de Aquino para prepararse a la Santa Misa:

Aquí me llego, todopoderoso y eterno Dios, al sacramento de vuestro unigénito Hijo mi Señor Jesucristo, como enfermo al médico de la vida, como manchado a la fuente de misericordias, como ciego a la luz de la claridad eterna, como pobre y desvalido al Señor de los cielos y tierra. Ruego, pues, a vuestra infinita bondad y misericordia, tengáis por bien sanar mi enfermedad, limpiar mi suciedad, alumbrar mi ceguedad, enriquecer mi pobreza y vestir mi desnudez, para que así pueda yo recibir el Pan de los Ángeles, al Rey de los Reyes, al Señor de los señores, con tanta reverencia y humildad, con tanta contrición y devoción, con tal fe y tal pureza, y con tal propósito e intención, cual conviene para la salud de mi alma. Dame, Señor, que reciba yo, no sólo el sacramento del Sacratísimo Cuerpo y Sangre, sino también la virtud y gracia del sacramento ¡Oh benignísimo Dios!, concededme que albergue yo en mi corazón de tal modo el Cuerpo de vuestro unigénito Hijo, nuestro Señor Jesucristo, Cuerpo adorable que tomó de la Virgen María, que merezca incorporarme a su Cuerpo místico, y contarme como a uno de sus miembros. ¡Oh piadosísimo Padre!, otorgadme que este unigénito Hijo vuestro, al cual deseo ahora recibir encubierto y debajo del velo en esta vida, merezca yo verle para siempre, descubierto y sin velo, en la otra. El cual con Vos vive y reina en unidad del Espíritu Santo, Dios, por los siglos de los siglos. Amén.

De La Bondad Y Caridad De Dios, Que Se Manifiesta En Este Sacramento Para Con Los Hombres. El Alma: Señor, confiando en tu bondad y gran misericordia, vengo yo enfermo al médico; hambriento y sediento, a la fuente de la vida; pobre, al rey del cielo; siervo, al Señor; criatura, al Criador; desconsolado, a mi piadoso consolador. Mas ¿se dónde a mí tanto bien, que Tú vengas a mí? ¿Quién soy yo para que te me des a Ti mismo? ¿Cómo se atreve el pecador a comparecer delante de Ti? Y Tú ¿cómo te dignas de venir al pecador? Tú conoces a tu siervo, y sabes que ningún bien tiene por donde pueda merecer que Tú le hagas este beneficio. Yo te confieso, pues, mi vileza, reconozco tu verdad, alabo tu piedad, y te doy gracias por tu extremada caridad. Pues así lo haces conmigo, no por mis merecimientos, sino por Ti mismo, para darme a conocer mejor tu bondad; para que se me infunda mayor caridad, y se recomiende más la humildad. Pues así te agrada a Ti, y así mandaste que se hiciese; también me agrada a mí que Tú lo hayas tenido por bien. ¡Ojalá que no lo impida mi maldad!
5. Gran devoción al Ave María y a la Corona
249. Quinta Práctica. – Tendrán una gran devoción al rezo del Ave María o salutación angélica, cuyo precio, mérito, excelencia y necesidad, pocos cristianos conocen, aún los más esclarecidos. Ha sido menester que la Santísima Virgen se apareciere varias veces a grandes y esclarecidos santos para mostrarles el mérito de esta oración, como a Santo Domingo, a San Juan de Capistrano y al bienaventurado Alano de la Roche. Ellos han compuesto libros enteros sobre las maravillas y eficacia de esta oración para convertir a las almas; han publicado en alta voz y predicado públicamente que, si por el Ave María ha comenzado la salvación del mundo, de esta misma oración depende la salvación de cada uno en particular, pues ella es la que ha hecho producir el fruto de la vida, en esta tierra seca y estéril, y por ser esta misma oración bien dicha la que debe hacer germinar en nuestras almas la palabra de Dios y producir el fruto de la vida, Jesucristo; que el Ave María es un rocío celestial que riega la tierra, es decir, el alma, para hacerle dar el fruto en su tiempo oportuno; y que un alma que no es rociada por esta oración o rocío celestial, no da fruto, y no produce más que cardos y espinas, y está presta a ser maldita.

250. He aquí lo que la Santísima Virgen revela al bienaventurado Alano de la Roche, como está consignado en su libro De Dignitate Rosarii, y luego en Cartagena : “Sabed, hijo mío, y hacedlo conocer a todos, que una señal probable y próxima de condenación eterna, es tener aversión, tibieza y negligencia en decir la salutación angélica, que es la que ha reparado a todo el mundo: Scias enim et secure intelligas et inde late omnibus patefacias, quod videlicet signum prababile est et propinquum aeternae damnationis horrere et acediari ac negligere Salutationem angelicam, totius mundi reparationem”. He aquí unas palabrasmuy consoladoras y terribles, que se tendría dificultad en creer si no tuviéramos de garantía a este santo varón, y a Santo Domingo antes que él, y luego la de tantos grandes personajes, con la experiencia de muchos siglos. Pues se ha resaltado siempre que aquellos que llevan la señal de la reprobación, como son todos los herejes, impíos, orgullosos y mundanos, odian o desdeñan el Ave María y la Corona. Los herejes aprenden y aún rezan el Padrenuestro, pero no el Ave María ni la Corona, lo cual les causa gran horror. Antes llevarían consigo una serpiente que una Corona. Los orgullosos también, aunque católicos, como si tuvieran las mismas inclinaciones que su padre Lucifer, desprecian o no tienen más que indiferencia por el Ave María, y miran la Corona como si fuera una devoción de mujercitas , que sólo es buena para los ignorantes y para aquellos que no saben leer. Por el contrario, se ha visto por la experiencia, que aquellos y aquellas que tienen, por otra parte, grandes señales de predestinación, aman, gustan y recitan con placer el Ave María; y que en la medida en que son más de Dios, más aprecio tienen por esta oración. Es lo que la Santísima Virgen dice también al bienaventurado Alano, en la secuencia de las palabras que antes cité.

251. Yo no sé el cómo ni el porqué, pero entre tanto es verdadero; y no conozco un mejor secreto para saber si una persona es de Dios, que examinar si le gusta rezar el Ave María y la Corona. Digo si le gusta, porque puede suceder que una persona esté en la imposibilidad natural o incluso sobrenatural de rezarla, pero siempre la estima y trata de recomendarla a los otros.

252. Almas predestinadas, esclavas de Jesús en María, sabed que el Ave María es la oración más bella de todas luego del Padrenuestro; es el más perfecto cumplido que podéis hacer a María, pues es el cumplido que el Altísimo le hace por medio de un arcángel a fin de ganar su corazón; y fue tan poderoso sobre su corazón, por los secretos encantos de que está lleno, que María dio su consentimiento a la Encarnación del Verbo, pese a su profunda humildad. Es también por este cumplido que ganaréis infaliblemente su corazón, si la rezáis como es debido.

253. El Ave María bien dicha, es decir con atención, devoción y modestia, es –según la enseñanza de los santos– el enemigo del diablo, que lo hace huir, y el martillo que lo aplasta, la santificación del alma, la alegría de los ángeles, la melodía de los predestinados, el cántico del Nuevo Testamento, el placer de María y la gloria de la Santísima Trinidad. El Ave María es un rocío celestial que vuelve al alma fecunda; es un beso casto y amoroso que se da a María; es una rosa roja que le presentamos; es una perla preciosa que se le ofrece; es una copa de ambrosía y de néctar divino que se le da. Todas estas comparaciones son de los santos.

254. Así pues, os pido con insistencia, por el amor que os tengo en Jesús y María, que no os contentéis con rezar la Coronilla de la Santísima Virgen, sino también la Corona; y si aún tenéis tiempo, vuestro Rosario completo [todos los misterios] todos los días; y en la hora de vuestra muerte bendeciréis el día y la hora en que me habéis creído; y después de haber sembrado en las bendiciones de Jesús y de María, recogeréis bendiciones eternas en el cielo: Qui seminat in benedictionibus, de benedictionibus et metet (2 Cor. 9, 6).

6. Rezo del Magnificat
255. Sexta Práctica. – Para agradecer a Dios por las gracias que ha concedido a la Santísima Virgen, rezarán a menudo el Magnificat, a ejemplo de la bienaventurada María d’Oignies y de muchos otros santos. Esta es la única oración y la única obra que ha compuesto la Santísima Virgen, o mejor, que Jesús ha hecho en Ella, pues Él hablaba por su boca. Es el mayor sacrificio de alabanza que Dios ha recibido en la ley de la gracia. Es por un lado el más humilde y el más reconocido, y por otro, el más sublime y elevado de todos los cánticos: hay en él misterios tan grandes y ocultos, que aún los ángeles ignoran. Gerson, que fue un doctor tan piadoso y sabio, después de haber empleado una gran parte de su vida en componer tratados tan llenos de erudición y piedad sobre las materias más difíciles, emprendió no sin temblor al fin de su vida, y a fin de coronar todas sus obras, la explicación del Magnificat. Y, nos presenta en un volumen infolio que compuso, muchas cosas admirables de este hermoso y divino cántico. Entre otras cosas, dice que la Santísima Virgen lo recitaba a menudo Ella misma, y en particular, después de la Sagrada Comunión, como acción de gracias. El sabio Benzonio, explicando el mismo Magnificat, cuenta muchos milagros obrados en virtud de él, afirmando que los diablos tiemblan y huyen cuando escuchan estas palabras del Magnificat: Fecit potentiam in brachio suo, dispersit superbos mente cordis sui.

7. El desprecio del Mundo
256. Séptima Práctica – Los fieles servidores de María deben empeñadamente despreciar, odiar y huir del mundo corrompido, y servirse de las prácticas de desprecio del mundo que en la primera parte hemos indicado.

Lecciones del Curso

Bibliografía

BIBLIA DE JERUSALÉN. Bilbao: Desclée de Brouwer, 2009.

CATECISMO DE LA IGLESIA CATÓLICA. Madrid: Asociación de Editores del Catecismo, 2005.

CLÁ DIAS, João Scognamiglio. Maria Santíssima! O Paraíso de Deus revelado aos homens. São Paulo: Arautos do Evangelho, 2019, vol. I-III.

CONCILIO VATICANO II. Constitución dogmática Lumen Gentium. In: <http://www.vatican.va/archive/hist_councils/ii_vatican_council/documents/vat-ii_const_19641121_lumen-gentium_sp.html> Acceso en: 30 julio 2020.

CORRÊA DE OLIVEIRA, Plinio. La libertad y la virtud. Conferencia, 28/4/1973. In: <https://www.tfp.org.br/espiritualidade/liberdade-e-virtude/> Acceso en: 7 agosto 2020.

HAUKE, Manfred. Introducción a la Mariología. Madrid: BAC, 2015.

JUAN PABLO II. Carta Encíclica Veritatis splendor. In: <http://www.vatican.va/content/john-paul-ii/es/encyclicals/documents/hf_jp-ii_enc_06081993_veritatis-splendor.html> Acceso en: 30 julio 2020.

RAGAZZINI, Severiano. María, vida del alma. Barcelona: Balmes, 1986.

ROYO MARÍN, Antonio. La Virgen María. Madrid: BAC, 1968.

SAN LUIS MARÍA GRIGNON DE MONTFORT. Tratado de la verdadera devoción a la Santísima Virgen. Madrid: Apostolado de la Prensa, 1910.

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