Lección 10: No todas las devociones a Nuestra Señora son verdaderas.

¿Cualquier tipo de devoción agrada Nuestra Señora? ¿Cómo saber si soy un devoto verdadero o falso de la Santísima Virgen? En esta aula descubriremos cuáles son las señales de las falsas devociones y el modo de no acabar formando parte del número de los críticos, escrupulosos, exteriores, preciosistas, inconstantes, hipócritas e interesados.

Pongo a su disposición online el texto del tratado: https://bit.ly/TratadoVD

Meditación y Oraciones del día

Veni Creator Spíritus, Ave Maris Stella y Magnificat

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Señor, ten piedad de nosotros. Jesucristo, ten piedad de nosotros.

R/. Señor, ten piedad de nosotros.
Divino Espíritu Santo, óyenos.
Espíritu Santo Paráclito, escúchanos.

Dios Padre celestial, ten piedad de nosotros,
Dios Hijo Redentor del mundo, ten piedad de nosotros,
Dios Espíritu Santo, ten piedad de nosotros,
Santísima Trinidad que eres un sólo Dios, ten piedad de nosotros,
Espíritu de la verdad, ten piedad de nosotros,
Espíritu de la sabiduría, ten piedad de nosotros,
Espíritu de la inteligencia, ten piedad de nosotros,
Espíritu de la fortaleza, ten piedad de nosotros,
Espíritu de la piedad, ten piedad de nosotros,
Espíritu del buen consejo, ten piedad de nosotros,
Espíritu de la ciencia, ten piedad de nosotros,
Espíritu del santo temor, ten piedad de nosotros,
Espíritu de la caridad, ten piedad de nosotros,
Espíritu de la alegría, ten piedad de nosotros,
Espíritu de la paz, ten piedad de nosotros,
Espíritu de las virtudes, ten piedad de nosotros,
Espíritu de toda la gracia, ten piedad de nosotros,
Espíritu de la adopción de los hijos de Dios, ten piedad de nosotros,
Purificador de nuestras almas, ten piedad de nosotros,
Santificador y guía de la Iglesia Católica, ten piedad de nosotros,
Distribuidor de los dones celestiales, ten piedad de nosotros,
Conocedor de los pensamientos, ten piedad de nosotros,
y de las intenciones del corazón, ten piedad de nosotros,
Dulzura de los que comienzan a serviros, ten piedad de nosotros,
Corona de los perfectos, ten piedad de nosotros,
Alegría de los ángeles, ten piedad de nosotros,
Luz de los Patriarcas, ten piedad de nosotros,
Inspiración de los Profetas, ten piedad de nosotros,
Palabra y sabiduría de los Apóstoles, ten piedad de nosotros,
Victoria de los Mártires, ten piedad de nosotros,
Ciencia de los Confesores, ten piedad de nosotros,
Pureza de las Vírgenes, ten piedad de nosotros,
Unción de todos los Santos, ten piedad de nosotros,

Sednos propicio,
R. Perdónanos Señor.
Sednos propicio,
R. Escúchanos Señor.

De todo pecado, líbranos Señor.
De todas las tentaciones y celadas del demonio, líbranos Señor.
De toda presunción y desesperación, líbranos Señor.
Del ataque a la verdad conocida, líbranos Señor.
De la envidia de la gracia fraterna, líbranos Señor.
De toda obstinación e impenitencia, líbranos Señor.
De toda negligencia y liviandad de espíritu, líbranos Señor.
De toda impureza de la mente y del cuerpo, líbranos Señor.
De todas las herejías y errores, líbranos Señor.
De todo mal espíritu, líbranos Señor.
De la muerte mala y eterna, líbranos Señor.
Por Vuestra eterna procedencia del Padre y del Hijo, líbranos Señor.
Por la milagrosa concepción del Hijo de Dios, líbranos Señor.
Por Vuestro descendimiento sobre Jesús bautizado, líbranos Señor.
Por Vuestra santa aparición en la transfiguración del Señor, líbranos Señor.
Por Vuestra venida sobre los discípulos del Señor, líbranos Señor.
En el día del juicio, líbranos Señor.

Aunque pecadores, te rogamos óyenos,
Para que nos perdones, te rogamos óyenos,
Para que te dignes vivificar y santificar a todos los miembros de la Iglesia, te rogamos óyenos,
Para que te dignes concedernos el don de la verdadera piedad, devoción y oración, te rogamos óyenos,
Para que te dignes inspirarnos sinceros afectos de misericordia y de caridad, te rogamos óyenos,
Para que te dignes crear en nosotros un espíritu nuevo y un corazón puro, te rogamos óyenos,
Para que te dignes concedernos verdadera paz y tranquilidad de corazón, te rogamos óyenos,
Para que nos hagas dignos y fuertes, para soportar las persecuciones por amor a la justicia, te rogamos óyenos,
Para que te dignes confirmarnos en tu gracia, te rogamos óyenos,
Para que nos recibas en el número de tus elegidos, te rogamos óyenos,
Para que te dignes atendernos, te rogamos óyenos,
Espíritu de Dios, te rogamos óyenos,

V/Cordero de Dios, que quitas los pecados del mundo,
R/.Envíanos el Espíritu Santo.
V/Cordero de Dios, que quitas los pecados del mundo,
R/.Mándanos el Espíritu prometido del Padre.

V/Cordero de Dios, que quitas los pecados del mundo,
R/.Dadnos el buen Espíritu Espíritu Santo, óyenos.

V/Espíritu Consolador, escúchanos.
V/. Envía tu Espíritu y todo será creado,
R/. Y renovarás la faz de la tierra.
Oremos. ¡Oh Dios! que aleccionaste a los corazones de Tus fieles
con la ciencia del Espíritu Santo,
haz que, guiados por este mismo
Espíritu, apreciemos las dulzuras
del bien, y gocemos siempre de Sus
divinos consuelos, por Jesucristo
Nuestro Señor.

Amén.
Salve, del mar Estrella,
Salve, Madre sagrada
De Dios y siempre Virgen,
Puerta del cielo Santa.

Tomando de Gabriel
El Ave, Virgen alma,
Mudando el nombre de Eva,
Paces divinas trata.

La vista restituye,
Las cadenas desata,
Todos los males quita,
Todos los bienes causa.

Muéstrate Madre, y llegue
Por Ti nuestra esperanza
A quien, por darnos vida,
Nació de tus entrañas.

Entre todas piadosa,
Virgen, en nuestras almas,
Libres de culpa, infunde
Virtud humilde y casta.

Vida nos presta pura,
Camino firme allana;
Que quien a Jesús llega,
Eterno gozo alcanza.

Al Padre, al Hijo, al Santo
Espíritu alabanzas;
Una a los tres le demos,
Y siempre eternas gracias

Señor, ten piedad de nosotros. Jesucristo, ten piedad de nosotros. R/. Señor, ten piedad de nosotros.

Jesucristo, óyenos.
R/. Jesucristo, escúchanos

Dios Padre celestial, ten piedad de nosotros.
Dios Hijo Redentor del mundo, ten piedad de nosotros.
Dios Espíritu Santo, ten piedad de nosotros.
Santísima Trinidad que eres un sólo Dios, ten piedad de nosotros.
Santa María, ruega por nosotros,
Santa Madre de Dios, ruega por nosotros,
Santa Virgen de las Vírgenes, ruega por nosotros,
Madre de Cristo, ruega por nosotros,
Madre de la Divina Gracia, ruega por nosotros,
Madre purísima, ruega por nosotros,
Madre castísima, ruega por nosotros,
Madre intacta, ruega por nosotros,
Madre incorrupta, ruega por nosotros,
Madre Inmaculada, ruega por nosotros,
Madre amable, ruega por nosotros,
Madre admirable, ruega por nosotros,
Madre del buen Consejo, ruega por nosotros,
Madre del Creador, ruega por nosotros,
Madre del Salvador, ruega por nosotros,
Madre y ornato del Carmelo, ruega por nosotros,
Madre de la Iglesia, ruega por nosotros,
Virgen prudentísima, ruega por nosotros,
Virgen digna de veneración, ruega por nosotros,
Virgen digna de alabanza, ruega por nosotros,
Virgen poderosa, ruega por nosotros,
Virgen clemente, ruega por nosotros,
Virgen fiel, ruega por nosotros,
Virgen flor del Carmelo, ruega por nosotros,
Espejo de justicia, ruega por nosotros,
Trono de la sabiduría, ruega por nosotros,
Causa de nuestra alegría, ruega por nosotros,
Vaso espiritual, ruega por nosotros,
Vaso honorable, ruega por nosotros,
Vaso insigne de devoción, ruega por nosotros,
Rosa mística, ruega por nosotros,
Torre de David, ruega por nosotros,
Torre de marfil, ruega por nosotros,
Casa de oro, ruega por nosotros,
Arca de la alianza, ruega por nosotros,
Puerta del cielo, ruega por nosotros,
Estrella de la mañana, ruega por nosotros,
Salud de los enfermos, ruega por nosotros,
Refugio de los pecadores, ruega por nosotros,
Consuelo de los afligidos, ruega por nosotros,
Auxilio de los cristianos, ruega por nosotros,
Patrona de los carmelitas, ruega por nosotros,
Reina de los ángeles, ruega por nosotros,
Reina de los patriarcas, ruega por nosotros,
Reina de los profetas, ruega por nosotros,
Reina de los apóstoles, ruega por nosotros,
Reina de los mártires, ruega por nosotros,
Reina de los confesores, ruega por nosotros,
Reina de las vírgenes, ruega por nosotros,
Reina de todos los santos, ruega por nosotros,
Reina concebida sin pecado original, ruega por nosotros,
Reina asunta al cielo, ruega por nosotros,
Reina del Santísimo Rosario, ruega por nosotros,
Reina de la familia, ruega por nosotros,
Reina de la paz, ruega por nosotros,
Esperanza de todos los carmelitas, ruega por nosotros,

Cordero de Dios, que quitas los
pecados del mundo,
R/. perdónanos, Señor.
Cordero de Dios, que quitas los
pecados del mundo,
R/. escúchanos, Señor.
Cordero de Dios, que quitas los
pecados del mundo,
R/. ten piedade de nosotros.

V/. Ruega por nosotros Santa
Madre de Dios,
R/. Para que seamos dignos de
alcanzar las promesas de Nuestro
Señor Jesucristo. Amén.

Oremos. Concédenos, Señor, a
nosotros tus siervos, gozar de perpetua salud de alma y de cuerpo,
y por la gloriosa intercesión de la
bienaventurada siempre Virgen
María, vernos libres de las tristezas de la vida presente y gozar
de las alegrías eternas. Por Cristo
nuestro Señor.

Amén.
Tratado de la Verdadera Devoción, núm. 228
Durante la primera semana dedicarán todas sus oraciones y actos de piedad a pedir el conocimiento de sí mismos y la contrición de sus pecados, y todo lo harán con espíritu de humildad. Podrán meditar lo que he dicho anteriormente sobre nuestro mal fondo y no se considerarán en los seis días de esta semana, más que como caracoles, babosas, sapos, cerdos, serpientes, ani -males inmundos; o bien meditarán estas trespa labras de San Bernardo: Piensa lo que fuiste,semen pútrido; lo que eres, vaso de estiércol; lo queserás, cebo de gusanos. Rogarán a Nuestro Señory al Espíritu Santo que les ilumine por es tas pala-bras: Señor, que yo vea; Señor, que me conozca;Ven Espíritu Santo, y recitarán todos los días el Ave,Maris Stella, y las letanías de la Santísima Virgen odel Espíritu Santo. Recurrirán a la Santísima Virgen, pidiéndole estagracia, que debe ser el fundamento de las otras, ypara ello dirán todos los días el Ave Maris Stella ylas letanías de la Santísima Virgen. (Tratado de la Verdadera Devoción, núm. 228)

Imitación de Cristo, libro 11, cap. 5 
De la consideración de sí mismo No debemos confiar de nosotros grandes cosas,porque muchas veces nos falta la gracia y la dis -creción. Poca luz hay en nosotros, y presto la perdemospor nuestra negligencia. Y muchas veces no sentimos cuán ciegos es -tamos en el alma. Muchas veces también obramos mal, y lo excusamos peor. A veces nos mueve la pasión, y pensamos quees celo. Reprendemos en los otros las cosas peque ñas,y tragamos las graves si son nuestras. Muy presto sentimos y agravamos lo que deotros sufrimos, mas no miramos cuánto enojamosa los otros. El que bien y rectamente examinare sus obras,no tendrá que juzgar gravemente las ajenas.
Capítulo III
Elección de la verdadera devoción a la Santísima Virgen

90. Presupuestas estas cinco verdades, es sumamente necesario hacer una buena elección de la devoción a María, pues hoy más que nunca han surgido falsas devociones a Ella, que fácilmente podríamos tomar por verdaderas. El diablo, como el monedero falso y sutil y experto ladrón, ha engañado y condenado a muchísimas almas por una falsa devoción a la Virgen, sirviéndose todos los días de su experiencia diabólica para condenar a otras muchas, entreteniéndolas y adormeciéndolas en el pecado, con el pretexto de algunas oraciones mal dichas y algunas prácticas exteriores que él les inspira. Como un falso acuñador de moneda que no falsifica sino el oro y la plata, y muy raramente los otros metales ya que no valen la pena, así también el maligno espíritu no falsifica tanto las otras devociones como las de Jesús y María, la devoción a la Sagrada Comunión y a la Santísima Virgen, porque ellas son, entre las otras devociones, lo que el oro y la plata entre los metales.

91. Es pues muy importante conocer en primer lugar las falsas devociones a María, para saber evitarlas, así como la verdadera, para abrazarla; en segundo lugar, entre tantas prácticas diferentes de la verdadera devoción, conocer cuál es la más perfecta, la más agradable a la Santísima Virgen, la más gloriosa a Dios y la más eficaz para obtener nuestra santificación, a fin de entregarnos a ella.

Artículo I
Características de la falsa y de la verdadera devoción a la Santísima Virgen
*Los falsos devotos y las falsas devociones a la Santísima Virgen

92. Encuentro que existen siete clases de falsos devotos y de falsas devociones a la Santísima Virgen, a saber:
1º. Los devotos críticos;
2º. Los devotos escrupulosos;
3º. Los devotos exteriores;
4º. Los devotos presuntuosos;
5º. Los devotos inconstantes;
6º. Los devotos hipócritas;
7º. Los devotos interesados.


1º. Los devotos críticos
93. Los devotos críticos son por lo general sabios orgullosos, espíritus altaneros y dados de sí mismos, que tienen en el fondo alguna devoción a la Santísima Virgen, pero que critican casi todas las prácticas de devoción a María, con que las personas simples honran sencilla y santamente a esta buena Madre, sólo porque no se avienen a sus fantasías. Ponen en duda todos los milagros e historias narradas por personas fidedignas, o sacadas de las crónicas de las órdenes religiosas, que dan fe de la misericordia y potestad de la Santísima Virgen. No sabrían ver sin pena a las personas simples y humildes, arrodilladas frente a un altar o imagen de la Santísima Virgen, algunas veces en la esquina de una calle, para allí rogar a Dios; y hasta las acusan de idolatría, como si adorasen la madera o la piedra, afirmando que –en cuanto a ellos atañe– no gustan de esas devociones exteriores, de igual modo que no son espíritus tan cándidos como para acreditar tantos cuentos e historietas que se propagan de la Santísima Virgen. Si se les relata las alabanzas admirables que los santos Padres consagran a la Santísima Virgen, o responden que de esa manera ellos han hablado como oradores, exagerando los términos, o dan una mala explicación a sus palabras. Esta especie de falsos devotos y personas orgullosas y mundanas son muy de temer, y hacen un grandísimo daño a la devoción a la Santísima Virgen, alejando de Ella a los pueblos de una manera eficaz, so pretexto de destruir los abusos.

2º. Los devotos escrupulosos
94. Los devotos escrupulosos son personas que temen deshonrar al Hijo honrando a la Madre, rebajar al uno si exaltan a la otra. No podrían tolerar que se den a la Santísima Virgen las justísimas alabanzas que le han dado los santos Padres; ven penosamente que más personas se arrodillen ante un altar de María que frente al Santísimo Sacramento, como si lo uno se opusiera a lo otro ¡como si aquellos que rezan a la Santísima Virgen, no lo hiciesen a Jesucristo por medio de Ella! No quieren que se hable tan a menudo de la Santísima Virgen, y que con tanta frecuencia se acuda a Ella. He aquí algunas frases que les son ordinarias: “¿Para qué sirven tantas coronas del rosario, tantas cofradías y devociones exteriores a la Santísima Virgen? Hay en esto mucha ignorancia. Es hacer de nuestra Religión una exposición de cosas baratas. Habladme de aquellos que son devotos de Jesucristo (ellos lo nombran a menudo sin descubrirse – lo digo entre paréntesis): es necesario recurrir a Jesucristo, Él es nuestro único mediador; a Jesucristo es a quien se debe predicar; ¡he ahí lo sólido!” Lo que ellos dicen es verdadero en cierto sentido, pero respecto a la aplicación que hacen para impedir la devoción a la Santísima Virgen, es muy peligroso y una celada sutil del maligno, bajo pretexto de un bien mayor, pues jamás se honra tanto a Jesucristo como cuando se honra a la Santísima Virgen, ya que no se la honra sino a fin de honrar más perfectamente a Jesucristo, no yendo a Ella sino como el camino para encontrar la meta adonde se va, que es Jesús.

95. La Santa Iglesia, con el Espíritu Santo, bendice primero a la Santísima Virgen y luego a Jesucristo: benedicta tu in mulieribus, et benedictus fructus ventris tui Jesus. No porque la Santísima Virgen sea más que Jesucristo o igual a Él –¡esto sería una herejía intolerable!– sino porque, para bendecir más perfectamente a Jesucristo, es preciso bendecir antes a María. Digamos entonces con todos los verdaderos devotos de la Santísima Virgen, contra esos falsos devotos escrupulosos: ¡Oh María, bendita eres entre todas las mujeres, y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús!

3º. Los devotos exteriore
96. Los devotos exteriores son las personas que hacen consistir toda su devoción a la Santísima Virgen en algunas prácticas exteriores, que no gustan más que lo exterior de la devoción a Ella, porque no tienen espíritu interior; que rezarán muchas coronas del rosario precipitadamente, oirán muchas misas sin atención; irán a las procesiones sin devoción, ingresarán en todas sus cofradías, pero sin en mienda de su vida, sin hacer violencia a sus pasiones, y sin imitación de las virtudes de esta Virgen Santísima. No gustan sino lo sensible de la devoción, sin amar lo que tiene de sólido; si no tienen sensibilidad en sus prácticas, creen que no hacen nada, se desalientan, abandonan todo, o lo hacen todo sin continuidad. El mundo está lleno de esta clase de devotos exteriores, y no hay quien critique más que ellos a las personas de oración que se aplican en lo interior como a lo esencial, sin menospreciar el aspecto exterior de la modestia que debe acompañar siempre la verdadera devoción.

4º. Los devotos presuntuosos
97. Los devotos presuntuosos son pecadores abandonados a sus pasiones, o amantes del mundo, que bajo el hermoso nombre de cristianos y devotos de la Santísima Virgen ocultan el orgullo o la avaricia, o la impureza, o la embriaguez, o la cólera, o los juramentos, o la maledicencia, o la injusticia, etc.; que duermen en paz en sus malos hábitos, sin hacerse mucha violencia para corregirse, con el pretexto de que son devotos de la Santísima Virgen; se aseguran que Dios les perdonará, que no morirán sin confesión, que no se condenarán, ya que rezan la corona del rosario, ayunan el sábado, pues son de la cofradía del Santo Rosario o Escapulario o de alguna de sus congregaciones, porque llevan el hábito o la cadenilla de la Santísima Virgen, etc. Cuando se les dice que su devoción no es más que una ilusión del diablo y perniciosa presunción capaz de perderlos, no lo quieren creer, afirmando que Dios es bueno y misericordioso, que no nos ha creado para condenarnos; que no hay hombre que no peque; que no morirán sin confesión; que un buen “Señor, ten piedad”, en la hora de la muerte, es suficiente; además, que ellos son devotos de la Santísima Virgen; que llevan el escapulario, rezan todos los días sin reproche ni ostentación alguna siete Padre nuestros y siete Ave Marías en honra de Ella; que hasta rezan algunas veces la corona del Rosario y el Oficio de la Santísima Virgen; que ayunan, etc. Y para confirmar lo que dicen y obstinarse más en su ceguera, relatan algunas historias que han escuchado o leído en libros, verdaderas o falsas –poco importa–, que certifican que personas muertas en pecado mortal, sin confesión, por el simple hecho de que durante su vida, habían hecho algunas oraciones o prácticas de devoción a la Santísima Virgen, o resucitaron para confesarse, o su alma permaneció milagrosamente en su cuerpo hasta permitirles confesarse; o por la misericordia de la Virgen, obtuvieron de Dios en su muerte, la contrición y el perdón de sus pecados y por lo tanto se han salvado, y, por la misma razón, ellos esperan la misma cosa.

98. No existe en el cristianismo nada tan dañino como esta presunción diabólica, pues ¿se puede decir en verdad que se ama y honra a la Santísima Virgen, cuando con los pecados se hiere, se atraviesa, se crucifica y ultraja sin piedad a Jesucristo su Hijo? Si María se impusiere como ley salvar por su misericordia a esta clase de gente, autorizaría el crimen, ayudaría a crucificar y a ultrajar a su divino Hijo. ¿Quién osaría pensar eso jamás?

99. Yo digo que abusar así de la devoción a la Santísima Virgen –que es después de la devoción a Nuestro Señor en el Santísimo Sacramento, la más santa y sólida–, es cometer un horrible sacrilegio; y, que después del sacrilegio de la Comunión indigna, es el más grande y menos digno de perdón. Confieso que para ser verdaderamente devoto de la Santísima Virgen, no es absolutamente necesario ser tan santo que se evite todo pecado –aunque ésto sería lo más deseable–, pero sí es necesario, al menos, y es preciso resaltarlo bien: – Primeramente, tener una sincera resolución de evitar al menos todo pecado mortal, que ultraja a la Madre tanto como al Hijo; – en segundo lugar, hacerse violencia para evitar el pecado; – en tercer lugar, ingresar en las cofradías, recitar la corona, el Santo Rosario completo y otras oraciones, ayunar los sábados, etc.

100. Esto es maravillosamente útil para la conversión de un pecador, por muy endurecido que esté; y si mi lector se juzga tal, cuando tuviere un pie en el abismo, siga éste mi consejo, pero con la condición de que no practicará estas buenas obras sino con la intención de obtener de Dios, por intercesión de la Santísima Virgen, la gracia de la contrición y el perdón de sus pecados, y de vencer sus malos hábitos, y no para permanecer pasivamente en el estado de pecado, contra los remordimientos de su conciencia, a ejemplo de Jesucristo y de los santos, y las máximas del santo Evangelio.

5º. Los devotos inconstantes
101. Los devotos inconstantes son aquellos que tienen devoción a la Santísima Virgen por intervalos y por arranques: en un momento son fervorosos, y al instante se vuelven tibios; ahora parecen listos para hacerlo todo en su servicio, y luego, poco después, ya no son los mismos: abrazarán fácilmente todas las devociones a María, se inscribirán en sus cofradías, y enseguida, dejarán de practicar todas sus reglas con fidelidad; cambian como la luna y por eso María los coloca bajo sus pies como la media luna, puesto que son inconstantes e indignos de ser contados entre los servidores de la Virgen fiel, los cuales tienen la fidelidad y la constancia por patrimonio. Es preferible no recargarse de tantas oraciones y prácticas devotas, y hacer pocas con amor y fidelidad, a pesar del mundo, el demonio y la carne.

6º. Los devotos hipócritas
102. Hay también otros falsos devotos de la Santísima Virgen, que son los devotos hipócritas, que cubren sus pecados y malos hábitos bajo el manto de esta Virgen Fiel, a fin de pasar a los ojos de los hombres, por aquello que ellos no son.

7º. Los devotos interesados
103. Restan aún los devotos interesados, que no recurren a la Santísima Virgen sino cuando necesitan ganar algún proceso, evitar algún peligro, sanar de una enfermedad, o por cualquier otra necesidad del estilo, sin lo cual se olvidarían de Ella; unos y otros son falsos devotos, que no pasan ni ante Dios ni ante su Santísima Madre.

104. Guardémonos bien, pues, de ser del número de los devotos críticos, que no creen nada y lo critican todo; de los devotos escrupulosos, que por respeto a Jesucristo temen ser demasiado devotos de la Santísima Virgen; de los devotos exteriores, que hacen consistir toda su devoción en prácticas exteriores; de los devotos presuntuosos, que bajo pretexto de su falsa devoción a la Santísima Virgen se enfangan en sus pecados; de los devotos inconstantes, que por ligereza cambian sus prácticas de devoción, o las abandonan completamente a la menor tentación; de los devotos hipócritas, que entran en las cofradías y visten las libreas de la Santísima Virgen, a fin de hacerse pasar por buenos; y, en fin, de los devotos interesados, que no recurren a María sino para ser libres de los males del cuerpo u obtener bienes temporales.

Lecciones del Curso

Bibliografía

BIBLIA DE JERUSALÉN. Bilbao: Desclée de Brouwer, 2009.

CATECISMO DE LA IGLESIA CATÓLICA. Madrid: Asociación de Editores del Catecismo, 2005.

CLÁ DIAS, João Scognamiglio. Maria Santíssima! O Paraíso de Deus revelado aos homens. São Paulo: Arautos do Evangelho, 2019, vol. I-III.

CONCILIO VATICANO II. Constitución dogmática Lumen Gentium. In: <http://www.vatican.va/archive/hist_councils/ii_vatican_council/documents/vat-ii_const_19641121_lumen-gentium_sp.html> Acceso en: 30 julio 2020.

CORRÊA DE OLIVEIRA, Plinio. La libertad y la virtud. Conferencia, 28/4/1973. In: <https://www.tfp.org.br/espiritualidade/liberdade-e-virtude/> Acceso en: 7 agosto 2020.

HAUKE, Manfred. Introducción a la Mariología. Madrid: BAC, 2015.

JUAN PABLO II. Carta Encíclica Veritatis splendor. In: <http://www.vatican.va/content/john-paul-ii/es/encyclicals/documents/hf_jp-ii_enc_06081993_veritatis-splendor.html> Acceso en: 30 julio 2020.

RAGAZZINI, Severiano. María, vida del alma. Barcelona: Balmes, 1986.

ROYO MARÍN, Antonio. La Virgen María. Madrid: BAC, 1968.

SAN LUIS MARÍA GRIGNON DE MONTFORT. Tratado de la verdadera devoción a la Santísima Virgen. Madrid: Apostolado de la Prensa, 1910.

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