Lección 26: Prácticas especiales e interiores para los que quieren llegar a ser perfectos.

Avisos

¡Salve María!

Esta es la penúltima clase y estamos cerca de completar nuestra preparación para la Consagración.

Me gustaría recordarles que aunque se menciona otra fecha en esta grabación, nuestra ceremonia de Consagración fue cambiada al 21 de noviembre, fiesta de la Presentación de la Santísima Virgen,y será durante una Santa Misa solemne, ¡emitida en vivo!
Mañana le enviaré toda la información necesaria.

Son muchas las gracias que la Virgen le tiene reservadas para esta ocasión.
Así que recuerde: no hay ningún motivo para que no se consagre. Si no ha tenido la oportunidad de asistir a todas las clases del curso, o si no ha rezado todas las oraciones indicadas, o incluso si no ha podido confesarse, ¡no dude en consagrarse a la Virgen! Ella aceptará y perfeccionará la entrega que usted haga, así como sus disposiciones.

A continuación encontrará el botón con el texto de la Consagración. Si es posible, imprímalo, para rezar la consagración con este documento, el 21 de noviembre, y poder firmarlo.

¡Que la Virgen le bendiga hoy y siempre!

¡Salve María!



Meditación y Oraciones del día

Veni Creator Spíritus, Ave Maris Stella y Magnificat

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Señor, ten piedad de nosotros. Jesucristo, ten piedad de nosotros.

R/. Señor, ten piedad de nosotros.
Divino Espíritu Santo, óyenos.
Espíritu Santo Paráclito, escúchanos.

Dios Padre celestial, ten piedad de nosotros,
Dios Hijo Redentor del mundo, ten piedad de nosotros,
Dios Espíritu Santo, ten piedad de nosotros,
Santísima Trinidad que eres un sólo Dios, ten piedad de nosotros,
Espíritu de la verdad, ten piedad de nosotros,
Espíritu de la sabiduría, ten piedad de nosotros,
Espíritu de la inteligencia, ten piedad de nosotros,
Espíritu de la fortaleza, ten piedad de nosotros,
Espíritu de la piedad, ten piedad de nosotros,
Espíritu del buen consejo, ten piedad de nosotros,
Espíritu de la ciencia, ten piedad de nosotros,
Espíritu del santo temor, ten piedad de nosotros,
Espíritu de la caridad, ten piedad de nosotros,
Espíritu de la alegría, ten piedad de nosotros,
Espíritu de la paz, ten piedad de nosotros,
Espíritu de las virtudes, ten piedad de nosotros,
Espíritu de toda la gracia, ten piedad de nosotros,
Espíritu de la adopción de los hijos de Dios, ten piedad de nosotros,
Purificador de nuestras almas, ten piedad de nosotros,
Santificador y guía de la Iglesia Católica, ten piedad de nosotros,
Distribuidor de los dones celestiales, ten piedad de nosotros,
Conocedor de los pensamientos, ten piedad de nosotros,
y de las intenciones del corazón, ten piedad de nosotros,
Dulzura de los que comienzan a serviros, ten piedad de nosotros,
Corona de los perfectos, ten piedad de nosotros,
Alegría de los ángeles, ten piedad de nosotros,
Luz de los Patriarcas, ten piedad de nosotros,
Inspiración de los Profetas, ten piedad de nosotros,
Palabra y sabiduría de los Apóstoles, ten piedad de nosotros,
Victoria de los Mártires, ten piedad de nosotros,
Ciencia de los Confesores, ten piedad de nosotros,
Pureza de las Vírgenes, ten piedad de nosotros,
Unción de todos los Santos, ten piedad de nosotros,

Sednos propicio,
R. Perdónanos Señor.
Sednos propicio,
R. Escúchanos Señor.

De todo pecado, líbranos Señor.
De todas las tentaciones y celadas del demonio, líbranos Señor.
De toda presunción y desesperación, líbranos Señor.
Del ataque a la verdad conocida, líbranos Señor.
De la envidia de la gracia fraterna, líbranos Señor.
De toda obstinación e impenitencia, líbranos Señor.
De toda negligencia y liviandad de espíritu, líbranos Señor.
De toda impureza de la mente y del cuerpo, líbranos Señor.
De todas las herejías y errores, líbranos Señor.
De todo mal espíritu, líbranos Señor.
De la muerte mala y eterna, líbranos Señor.
Por Vuestra eterna procedencia del Padre y del Hijo, líbranos Señor.
Por la milagrosa concepción del Hijo de Dios, líbranos Señor.
Por Vuestro descendimiento sobre Jesús bautizado, líbranos Señor.
Por Vuestra santa aparición en la transfiguración del Señor, líbranos Señor.
Por Vuestra venida sobre los discípulos del Señor, líbranos Señor.
En el día del juicio, líbranos Señor.

Aunque pecadores, te rogamos óyenos,
Para que nos perdones, te rogamos óyenos,
Para que te dignes vivificar y santificar a todos los miembros de la Iglesia, te rogamos óyenos,
Para que te dignes concedernos el don de la verdadera piedad, devoción y oración, te rogamos óyenos,
Para que te dignes inspirarnos sinceros afectos de misericordia y de caridad, te rogamos óyenos,
Para que te dignes crear en nosotros un espíritu nuevo y un corazón puro, te rogamos óyenos,
Para que te dignes concedernos verdadera paz y tranquilidad de corazón, te rogamos óyenos,
Para que nos hagas dignos y fuertes, para soportar las persecuciones por amor a la justicia, te rogamos óyenos,
Para que te dignes confirmarnos en tu gracia, te rogamos óyenos,
Para que nos recibas en el número de tus elegidos, te rogamos óyenos,
Para que te dignes atendernos, te rogamos óyenos,
Espíritu de Dios, te rogamos óyenos,

V/Cordero de Dios, que quitas los pecados del mundo,
R/.Envíanos el Espíritu Santo.
V/Cordero de Dios, que quitas los pecados del mundo,
R/.Mándanos el Espíritu prometido del Padre.

V/Cordero de Dios, que quitas los pecados del mundo,
R/.Dadnos el buen Espíritu Espíritu Santo, óyenos.

V/Espíritu Consolador, escúchanos.
V/. Envía tu Espíritu y todo será creado,
R/. Y renovarás la faz de la tierra.
Oremos. ¡Oh Dios! que aleccionaste a los corazones de Tus fieles
con la ciencia del Espíritu Santo,
haz que, guiados por este mismo
Espíritu, apreciemos las dulzuras
del bien, y gocemos siempre de Sus
divinos consuelos, por Jesucristo
Nuestro Señor.

Amén.
Salve, del mar Estrella,
Salve, Madre sagrada
De Dios y siempre Virgen,
Puerta del cielo Santa.

Tomando de Gabriel
El Ave, Virgen alma,
Mudando el nombre de Eva,
Paces divinas trata.

La vista restituye,
Las cadenas desata,
Todos los males quita,
Todos los bienes causa.

Muéstrate Madre, y llegue
Por Ti nuestra esperanza
A quien, por darnos vida,
Nació de tus entrañas.

Entre todas piadosa,
Virgen, en nuestras almas,
Libres de culpa, infunde
Virtud humilde y casta.

Vida nos presta pura,
Camino firme allana;
Que quien a Jesús llega,
Eterno gozo alcanza.

Al Padre, al Hijo, al Santo
Espíritu alabanzas;
Una a los tres le demos,
Y siempre eternas gracias

"Señor, ten piedad de nosotros.
Señor, ten piedad de nosotros.
Cristo,ten piedad de nosotros.
Cristo,ten piedad de nosotros.
Señor, ten piedad de nosotros.
Señor, ten piedad de nosotros.
Cristo, óyenos.
Cristo, óyenos.
Cristo, escúchanos.
Cristo, escúchanos
Dios, Padre Celestial,  ten piedad de nosotros.
Dios Hijo, Redentor del mundo, ten piedad de nosotros.


Corazón de Jesús, Hijo del Eterno Padre,  ten piedad de nosotros.
Corazón de Jesús, formado en el seno de la Virgen Madre por el Espíritu Santo, ten piedad de nosotros.
Corazón de Jesús, unido sustancialmente al Verbo de Dios,ten piedad de nosotros.
Corazón de Jesús, de infinita majestad, ten piedad de nosotros.
Corazón de Jesús, templo santo de Dios, ten piedad de nosotros.
Corazón de Jesús, tabernáculo del Altísimo, ten piedad de nosotros.
Corazón de Jesús, casa de Dios y puerta del cielo, ten piedad de nosotros.
Corazón de Jesús, horno ardiente de caridad, ten piedad de nosotros.
Corazón de Jesús, santuario de la justicia y del amor, ten piedad de nosotros.
Corazón de Jesús, lleno de bondad y de amor, ten piedad de nosotros.
Corazón de Jesús, abismo de todas las virtudes, ten piedad de nosotros.
Corazón de Jesús, digno de toda alabanza, ten piedad de nosotros.
Corazón de Jesús, Rey y centro de todos los corazones, ten piedad de nosotros.
Corazón de Jesús, en quien se hallan todos los tesoros de la sabiduría y de la ciencia, ten piedad de nosotros.
Corazón de Jesús, en quien reside toda la plenitud de la divinidad, ten piedad de nosotros.
Corazón de Jesús, en quien el Padre se complace, ten piedad de nosotros.
Corazón de Jesús, de cuya plenitud todos hemos recibido, ten piedad de nosotros.
Corazón de Jesús, deseado de los eternos collados, ten piedad de nosotros.
Corazón de Jesús, paciente y lleno de misericordia, ten piedad de nosotros.
Corazón de Jesús, generoso para todos los que te invocan, ten piedad de nosotros.
Corazón de Jesús, fuente de vida y santidad, ten piedad de nosotros.
Corazón de Jesús, propiciación por nuestros pecados, ten piedad de nosotros.
Corazón de Jesús, colmado de oprobios, ten piedad de nosotros.
Corazón de Jesús, triturado por nuestros pecados, ten piedad de nosotros.
Corazón de Jesús, hecho obediente hasta la muerte, ten piedad de nosotros.
Corazón de Jesús, traspasado por una lanza, ten piedad de nosotros.
Corazón de Jesús, fuente de todo consuelo, ten piedad de nosotros.
Corazón de Jesús, vida y resurrección nuestra, ten piedad de nosotros.
Corazón de Jesús, paz y reconciliación nuestra, ten piedad de nosotros.
Corazón de Jesús, víctima por los pecadores, ten piedad de nosotros.
Corazón de Jesús, salvación de los que en ti esperan, ten piedad de nosotros.
Corazón de Jesús, esperanza de los que en ti mueren, ten piedad de nosotros.
Corazón de Jesús, delicia de todos los santos, ten piedad de nosotros.
Cordero de Dios, que quitas el pecado del mundo, perdónanos Señor.
Cordero de Dios, que quitas el pecado del mundo, óyenos Señor.
Cordero de Dios, que quitas el pecado del mundo, ten piedad de nosotros.
V. Jesús, manso y humilde de Corazón,
R. Haz nuestro corazón semejante al tuyo.
Oremos: Oh Dios todopoderoso y eterno, mira el Corazón de tu amadísimo Hijo, las alabanzas y satisfacciones que en nombre de los pecadores te ofrece, concede el perdón a éstos que piden misericordia en el nombre de tu mismo Hijo, Jesucristo, el cual vive y reina contigo por los siglos de los siglos.

Amén.
Ven, ¡Oh Jesús!, que vives en María; ven a vivir y reinar en nosotros, que tu vida se exprese en nuestra vida para vivir tan sólo para Ti. Forja en nuestra alma, ioh, Cristo!, tus virtudes, tu Espíritu divino y santidad, tus máximas perfectas y tus normas y el ardor de tu eterna caridad. Danos parte, Señor, en tus misterios para que te podamos imitar; tú que eres Luz de Luz, danos tus luces, y en pos de ti podremos caminar. Reina, Cristo, en nosotros por tu Madre, sobre el demonio y la naturaleza, en virtud de tu nombre soberano, para la gloria del Padre celestial.
Amén
Vos sois, oh Cristo Jesús, mi Padre santo, mi Dios misericordioso, mi Rey infinitamente grande; sois mi buen pastor, mi único maestro, mi auxilio lleno de bondad, mi bienamado de una belleza maravillosa, mi pan vivo, mi sacerdote eterno, mi guía para la patria, mi verdadera luz, santa dulzura, mi camino recto, mi preclara sapiencia, mi pura simplicidad, mi paz y concordia; sois, en fin, toda mi salvaguardia, mi herencia preciosa, mi eterna salvación. Oh Jesucristo, amable señor, ¿por qué en toda mi vida, amé, por qué deseé otra cosa sino Vos? ¿Dónde estaba yo cuando no pensaba en Vos? ¡Ah, que a partir de ahora, mi corazón sólo os desee y por Vos se abrase, Señor Jesús! Deseos de mi alma, corred, que ya bastante tardasteis; apresuraros hacia el fin al que aspiráis; procurad de verdad Aquél que buscáis. Oh Jesús, anatema sea quien no os ama. Aquél que no os ama se llene de amarguras.

Oh dulce Jesús, sed el amor, las delicias, la admiración de todo corazón dignamente consagrado a vuestra gloria. Dios de mi corazón y mi plenitud, Jesucristo, que en Vos mi corazón desfallezca, y sed Vos mismo mi vida. Enciéndase en mi alma la brasa ardiente de vuestro amor, y se convierta en un incendio todo divino, al arder para siempre en el altar de mi corazón; que inflame lo íntimo de mi ser y abrase el fondo de mi alma; para que, en el día de mi muerte, aparezca delante de Vos enteramente consumido en vuestro amor. Así sea.
Del Amor De Jesús Sobre Todas Las Cosas

Bienaventurado el que conoce lo que es amar a Jesús, y despreciarse a sí mismo por Jesús. Conviene dejar un amado por otro amado, porque Jesús quiere ser amado sobre todas las cosas. El amor de la criatura es engañoso y mudable, el amor de Jesús es fiel y durable. El que se llega a la criatura, caerá con lo caedizo; el que abraza a Jesús, afirmará en Él para siempre. Ama a Jesús y tenle por amigo, que aunque todos te desamparen, Él no te desamparará ni te dejará perecer en el fin. De todos has de ser desamparado alguna vez, ora quieras o no. Ten fuertemente con Jesús viviendo y muriendo, y encomiéndate a su fidelidad, que Él solo te puede ayudar, cuando todos te faltaren. Tu amado es de tal condición, que no quiere consigo admitir a otro, mas Él solo quiere tener tu corazón y como rey sentarse en su propia silla. Si tú supieses bien desocuparte de toda criatura, Jesús morará de buena gana contigo. Hallarás casi todo perdido cuanto pusieres en los hombres, fuera de Jesús. No confíes ni estribes sobre la caña vacía; porque toda carne es heno, y toda su gloria caerá como flor de heno.
257. Además de las prácticas exteriores que acabamos de referir, las cuales no deben ser omitidas por negligencia ni desprecio en la medida en que el estado y la condición de cada uno lo permite, he aquí algunas prácticas interiores, muy santificadoras para aquellos que el Espíritu Santo llama a una alta perfección. En cuatro palabras, consiste en hacer todos sus actos por María, con María, en María y para María, a fin de hacerlo más perfectamente por Jesucristo, con Jesucristo, en Jesús y para Jesús.

1. Hacerlo todo por medio de María
258. 1º– Es necesario realizar todas nuestras acciones por María, es decir, es menester que se obedezca en todas las cosas a la Santísima Virgen, y que en todas ellas se conduzcan por su espíritu, que es el Espíritu Santo de Dios. Los que son conducidos según el espíritu de Dios son hijos de Dios: Qui Spiritu Dei aguntur, ii sunt filii Dei (Rom. 8, 14). Los que son conducidos por el espíritu de María son hijos de María, y en consecuencia hijos de Dios, como ya lo hemos demostrado; y entre tantos devotos de la Santísima Virgen, sólo son fieles y verdaderos devotos los que se dejan guiar por su espíritu. Yo he dicho que el espíritu de María es el espíritu de Dios, porque Ella nunca se mueve por su propio espíritu, mas siempre por el espíritu de Dios, quien de tal manera se ha hecho su maestro, que se hizo su propio espíritu. Esta es la razón por la que San Ambrosio decía: “Sit in singulis, etc...: Que el alma de María esté en cada uno para glorificar al Señor; que el espíritu de María esté en cada uno para regocijarse en Dios”. ¡Cuán feliz es el alma que, a ejemplo de un buen hermano jesuita llamado Rodríguez, muerto en olor de santidad está toda poseída y gobernada por María, que es un espíritu dulce y fuerte, celoso y prudente, humilde y resuelto, puro y fecundo!

259. A fin de que el alma se deje conducir por este espíritu de María, es necesario: 1.– Renunciar a su propio espíritu, a sus propias luces y a su voluntad antes de hacer cualquier cosa: por ejemplo, antes de rezar, decir u oír la santa Misa, comulgar, etc..., pues las tinieblas de nuestro propio espíritu y la malicia de nuestra propia voluntad y operación, si las siguiéremos, aunque ellas nos parecieren buenas, pondrán obstáculo al santo espíritu de María. 2.– Es preciso entregarse al espíritu de María para ser movidos y conducidos por él de la forma que Ella quiera. Es necesario ponerse y quedar entre sus manos virginales, como un instrumento en las manos del obrero, como un laúd en las manos de un buen tañedor. Es necesario perderse y abandonarse en Ella como una piedra que se arroja al mar, lo que se hace sencillamente, en un instante, por una sóla ojeada del espíritu, un pequeño movimiento de la voluntad, o diciendo verbalmente, por ejemplo: Yo renuncio a mí mismo, y me doy a Vos mi querida Madre. Y aunque no se sienta ninguna dulzura sensible en ese acto de unión, no por eso deja de ser verdadera. Tal como si se dijese –lo que Dios no permita– y con toda sinceridad: yo me doy al diablo, aunque se lo diga sin ningún cambio sensible, no se entregaría menos verdaderamente al diablo. 3.– Es menester, de cuando en cuando, al hacer algo, y después de realizado, renovar el mismo acto de ofrenda y de unión; y en la medida en que más se lo hiciere, más rápidamente se santificará, y se llegará más pronto a la unión con Jesucristo, que sigue necesariamente a la unión con María, pues el espíritu de María es el espíritu de Jesús.

2. Hacerlo todo con María
260. 2º– Es preciso hacerlo todo con María: es decir, es necesario mirar a María en todas las acciones, como a un modelo acabado de toda virtud y perfección, que el Espíritu Santo ha formado en una pura criatura, para imitarlo según nuestra capacidad. En cada acción, pues, es necesario que veamos cómo María la ha hecho o la haría estando en nuestro lugar. Para ello debemos examinar y meditar las grandes virtudes que Ella practicó durante su vida, particularmente: 1.– Su fe viva, por la cual creyó sin vacilar en la palabra del ángel; Ella creyó fiel y constantemente hasta el pie de la Cruz en el Calvario; 2.– Su humildad profunda, por la cual quiso ocultarse, callarse, someterse a todo y colocarse de última; 3.– Su pureza totalmente divina, que jamás tuvo ni tendrá jamás similar bajo el cielo; y en fin, todas sus otras virtudes. Que se recuerde, lo repito una vez más, que María es el grande y único molde de Dios, propio para hacer imágenes vivas de Dios, con pocos gastos y en poco tiempo; y que un alma que haya encontrado ese molde y en él se pierda, es prontamente transformada en Jesucristo, a quien este molde representa al natural.

3. Hacerlo todo en María
261. 3º– Se debe hacer todo en María. Para comprender bien esta práctica, es necesario saber que la Santísima Virgen es el verdadero paraíso terrenal del nuevo Adán, y que el antiguo paraíso terrenal no era sino una figura de este otro. Hay, pues, en este paraíso terrenal, riquezas, bellezas, rarezas y dulzuras inexplicables, que el nuevo Adán, Jesucristo, ha dejado allí. Es en este paraíso donde Él ha tenido sus complacencias durante nueve meses, donde Él ha obrado sus maravillas, y en donde ha ostentado sus riquezas con la magnificencia de un Dios. Este santísimo lugar no está compuesto sino de tierra virgen e inmaculada, en la cual ha sido formado y alimentado el nuevo Adán, sin mancha ninguna ni inmundicia, por obra del Espíritu Santo que allí habita. Es en este paraíso terrenal donde verdaderamente se encuentra el árbol de la vida, que ha producido a Jesucristo; el árbol de la ciencia del bien y del mal, que ha dado la luz al mundo. Hay en este divino lugar árboles plantados por la mano de Dios, y regados por su divina unción, que han producido y producen todos los días frutos dignos de un paladar divino: hay jardines esmaltados de bellas y diferentes flores de virtudes que exhalan aromas tales que embelesan a los propios ángeles. Hay en este lugar prados verdes de esperanza, torres inexpugnables de fortaleza, encantadoras mansiones de confianza, etc. Nadie más que el Espíritu Santo para poder hacer conocer la verdad oculta bajo estas figuras de cosas materiales. Hay en este lugar un aire de pureza sin imperfección; un hermoso día que no conoce noche, de la humanidad santa; un sol radiante, sin sombras, de la Divinidad; un horno ardiente y continuo de caridad, en donde todo el hierro que allí es puesto es abrasado en fuego y transformado en oro; hay un río de humildad que brota de la tierra, y que dividiéndose en cuatro brazos, que son las cuatro virtudes cardinales, irriga todo este lugar encantado.

262. El Espíritu Santo, por la boca de los Santos Padres, llama también a la Santísima Virgen: 1.– La puerta oriental, por donde el sumo Sacerdote, Jesucristo, entra y sale en el mundo (Ver Ez 44, 1-3); por medio de Ella entró allí la primera vez, y por Ella vendrá la segunda; 2.– El santuario de la Divinidad, el reposo de la Santísima Trinidad, el trono de Dios, la ciudad de Dios, el altar de Dios, el templo de Dios, el mundo de Dios. Todos estos diferentes epítetos y alabanzas son muy verdaderos, en relación a las diferentes maravillas y gracias que el Altísimo ha hecho en María. ¡Oh, qué riquezas! ¡Oh, qué gloria! ¡Oh, qué placer! ¡Oh, qué felicidad de poder entrar y morar en María, donde el Altísimo ha puesto el trono de su gloria suprema!

263. Pero, ¡cuán difícil es a pecadores como nosotros conseguir el permiso, y la capacidad, y la luz para entrar en un lugar tan alto y tan santo, que es custodiado no por un querubín, como el antiguo paraíso terrenal (Gen 3, 24), sino por el mismo Espíritu Santo, que se ha hecho dueño absoluto de él, y del cual dice: “Hortus conclusus soror mea sponsa, hortus conclusus, fons signatus”. María está cerrada; María está sellada; mis miserables hijos de Adán y de Eva expulsados del paraíso terrenal, no pueden entrar en éste sino por una gracia toda particular del Espíritu Santo, que deben merecer.

264. Luego de que por su fidelidad se ha obtenido esta gracia insigne, es necesario morar en el santuario interior de María con complacencia, descansar allí en paz, apoyarse confiadamente en él, ocultarse allí con seguridad y en él perderse sin reserva, a fin de que en este seno virginal: 1.– Sea el alma alimentada con la leche de su gracia y de su maternal misericordia; 2.– Quede allí libre de sus angustias, temores y escrúpulos; 3.– Permanezca en él segura contra sus enemigos, el demonio, el mundo y el pecado, que jamás han entrado ahí. Esta es la razón por la cual Ella afirma que aquellos que obran en Ella no pecarán: Qui operantur in me, non peccabunt (Eclo 24, 30); es decir, aquellos que moran en espíritu en la Santísima Virgen, no cometerán pecado considerable; 4.– Para ser formada en Jesucristo, y Jesucristo formado en ella, puesto que su seno es como dicen los santos Padres la sala de los sacramentos divinos, donde Jesucristo y todos los elegidos han sido formados: Homo et homo natus est in ea.

4. Hacerlo todo para María
265. 4º– Finalmente, es necesario que todas las acciones sean hechas para María, ya que como se ha entregado totalmente a su servicio, es justo que todo sea hecho para Ella, como un criado, un siervo y un esclavo; que no la tome como al fin último de sus servicios, que es sólo Jesucristo, sino como a su fin próximo, su medio misterioso y su medio fácil para ir a Él. De igual manera que un buen servidor y esclavo, no debe [el siervo de María] permanecer ocioso, sino que apoyado en su protección, es menester emprenda y haga grandes cosas para esta augusta Soberana. Es necesario defender sus privilegios, cuando se los disputa; es preciso sustentar su gloria, cuando se la ataca; atraer a todo el mundo, si se puede, a su servicio y a esta verdadera y sólida devoción; es preciso hablar y levantar la voz contra aquellos que abusan de su devoción, para ultrajar a su Hijo, y establecer al mismo tiempo esta verdadera devoción; no se debe pretender de Ella en recompensa por estos pequeños servicios, más que el honor de pertenecer a una tan amable Princesa, y la felicidad de estar por Ella unida a Jesús, su Hijo, con un lazo indisoluble en el tiempo y en la eternidad.

¡Gloria a Jesús en María!
¡Gloria a María en Jesús!
¡Gloria sólo a Dios!

Lecciones del Curso

Bibliografía

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CATECISMO DE LA IGLESIA CATÓLICA. Madrid: Asociación de Editores del Catecismo, 2005.

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ROYO MARÍN, Antonio. La Virgen María. Madrid: BAC, 1968.

SAN LUIS MARÍA GRIGNON DE MONTFORT. Tratado de la verdadera devoción a la Santísima Virgen. Madrid: Apostolado de la Prensa, 1910.