Lección 13: De la perfecta devoción a la Santísima Virgen o la perfecta consagración a Jesucristo.

En su realidad más profunda, ¿qué es la perfecta devoción a Nuestra Señora y “la esclavitud de amor” a la Santísima Virgen? ¿En qué consiste propiamente esta práctica enseñada por San Luis Grignion? Hoy aprenderemos la naturaleza de esta devoción y cómo es una perfecta renovación de los votos y promesas del santo bautismo.

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Meditación y Oraciones del día

Veni Creator Spíritus, Ave Maris Stella y Magnificat

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Señor, ten piedad de nosotros. Jesucristo, ten piedad de nosotros.

R/. Señor, ten piedad de nosotros.
Divino Espíritu Santo, óyenos.
Espíritu Santo Paráclito, escúchanos.

Dios Padre celestial, ten piedad de nosotros,
Dios Hijo Redentor del mundo, ten piedad de nosotros,
Dios Espíritu Santo, ten piedad de nosotros,
Santísima Trinidad que eres un sólo Dios, ten piedad de nosotros,
Espíritu de la verdad, ten piedad de nosotros,
Espíritu de la sabiduría, ten piedad de nosotros,
Espíritu de la inteligencia, ten piedad de nosotros,
Espíritu de la fortaleza, ten piedad de nosotros,
Espíritu de la piedad, ten piedad de nosotros,
Espíritu del buen consejo, ten piedad de nosotros,
Espíritu de la ciencia, ten piedad de nosotros,
Espíritu del santo temor, ten piedad de nosotros,
Espíritu de la caridad, ten piedad de nosotros,
Espíritu de la alegría, ten piedad de nosotros,
Espíritu de la paz, ten piedad de nosotros,
Espíritu de las virtudes, ten piedad de nosotros,
Espíritu de toda la gracia, ten piedad de nosotros,
Espíritu de la adopción de los hijos de Dios, ten piedad de nosotros,
Purificador de nuestras almas, ten piedad de nosotros,
Santificador y guía de la Iglesia Católica, ten piedad de nosotros,
Distribuidor de los dones celestiales, ten piedad de nosotros,
Conocedor de los pensamientos, ten piedad de nosotros,
y de las intenciones del corazón, ten piedad de nosotros,
Dulzura de los que comienzan a serviros, ten piedad de nosotros,
Corona de los perfectos, ten piedad de nosotros,
Alegría de los ángeles, ten piedad de nosotros,
Luz de los Patriarcas, ten piedad de nosotros,
Inspiración de los Profetas, ten piedad de nosotros,
Palabra y sabiduría de los Apóstoles, ten piedad de nosotros,
Victoria de los Mártires, ten piedad de nosotros,
Ciencia de los Confesores, ten piedad de nosotros,
Pureza de las Vírgenes, ten piedad de nosotros,
Unción de todos los Santos, ten piedad de nosotros,

Sednos propicio,
R. Perdónanos Señor.
Sednos propicio,
R. Escúchanos Señor.

De todo pecado, líbranos Señor.
De todas las tentaciones y celadas del demonio, líbranos Señor.
De toda presunción y desesperación, líbranos Señor.
Del ataque a la verdad conocida, líbranos Señor.
De la envidia de la gracia fraterna, líbranos Señor.
De toda obstinación e impenitencia, líbranos Señor.
De toda negligencia y liviandad de espíritu, líbranos Señor.
De toda impureza de la mente y del cuerpo, líbranos Señor.
De todas las herejías y errores, líbranos Señor.
De todo mal espíritu, líbranos Señor.
De la muerte mala y eterna, líbranos Señor.
Por Vuestra eterna procedencia del Padre y del Hijo, líbranos Señor.
Por la milagrosa concepción del Hijo de Dios, líbranos Señor.
Por Vuestro descendimiento sobre Jesús bautizado, líbranos Señor.
Por Vuestra santa aparición en la transfiguración del Señor, líbranos Señor.
Por Vuestra venida sobre los discípulos del Señor, líbranos Señor.
En el día del juicio, líbranos Señor.

Aunque pecadores, te rogamos óyenos,
Para que nos perdones, te rogamos óyenos,
Para que te dignes vivificar y santificar a todos los miembros de la Iglesia, te rogamos óyenos,
Para que te dignes concedernos el don de la verdadera piedad, devoción y oración, te rogamos óyenos,
Para que te dignes inspirarnos sinceros afectos de misericordia y de caridad, te rogamos óyenos,
Para que te dignes crear en nosotros un espíritu nuevo y un corazón puro, te rogamos óyenos,
Para que te dignes concedernos verdadera paz y tranquilidad de corazón, te rogamos óyenos,
Para que nos hagas dignos y fuertes, para soportar las persecuciones por amor a la justicia, te rogamos óyenos,
Para que te dignes confirmarnos en tu gracia, te rogamos óyenos,
Para que nos recibas en el número de tus elegidos, te rogamos óyenos,
Para que te dignes atendernos, te rogamos óyenos,
Espíritu de Dios, te rogamos óyenos,

V/Cordero de Dios, que quitas los pecados del mundo,
R/.Envíanos el Espíritu Santo.
V/Cordero de Dios, que quitas los pecados del mundo,
R/.Mándanos el Espíritu prometido del Padre.

V/Cordero de Dios, que quitas los pecados del mundo,
R/.Dadnos el buen Espíritu Espíritu Santo, óyenos.

V/Espíritu Consolador, escúchanos.
V/. Envía tu Espíritu y todo será creado,
R/. Y renovarás la faz de la tierra.
Oremos. ¡Oh Dios! que aleccionaste a los corazones de Tus fieles
con la ciencia del Espíritu Santo,
haz que, guiados por este mismo
Espíritu, apreciemos las dulzuras
del bien, y gocemos siempre de Sus
divinos consuelos, por Jesucristo
Nuestro Señor.

Amén.
Salve, del mar Estrella,
Salve, Madre sagrada
De Dios y siempre Virgen,
Puerta del cielo Santa.

Tomando de Gabriel
El Ave, Virgen alma,
Mudando el nombre de Eva,
Paces divinas trata.

La vista restituye,
Las cadenas desata,
Todos los males quita,
Todos los bienes causa.

Muéstrate Madre, y llegue
Por Ti nuestra esperanza
A quien, por darnos vida,
Nació de tus entrañas.

Entre todas piadosa,
Virgen, en nuestras almas,
Libres de culpa, infunde
Virtud humilde y casta.

Vida nos presta pura,
Camino firme allana;
Que quien a Jesús llega,
Eterno gozo alcanza.

Al Padre, al Hijo, al Santo
Espíritu alabanzas;
Una a los tres le demos,
Y siempre eternas gracias

Señor, ten piedad de nosotros. Jesucristo, ten piedad de nosotros. R/. Señor, ten piedad de nosotros.

Jesucristo, óyenos.
R/. Jesucristo, escúchanos

Dios Padre celestial, ten piedad de nosotros.
Dios Hijo Redentor del mundo, ten piedad de nosotros.
Dios Espíritu Santo, ten piedad de nosotros.
Santísima Trinidad que eres un sólo Dios, ten piedad de nosotros.
Santa María, ruega por nosotros,
Santa Madre de Dios, ruega por nosotros,
Santa Virgen de las Vírgenes, ruega por nosotros,
Madre de Cristo, ruega por nosotros,
Madre de la Divina Gracia, ruega por nosotros,
Madre purísima, ruega por nosotros,
Madre castísima, ruega por nosotros,
Madre intacta, ruega por nosotros,
Madre incorrupta, ruega por nosotros,
Madre Inmaculada, ruega por nosotros,
Madre amable, ruega por nosotros,
Madre admirable, ruega por nosotros,
Madre del buen Consejo, ruega por nosotros,
Madre del Creador, ruega por nosotros,
Madre del Salvador, ruega por nosotros,
Madre y ornato del Carmelo, ruega por nosotros,
Madre de la Iglesia, ruega por nosotros,
Virgen prudentísima, ruega por nosotros,
Virgen digna de veneración, ruega por nosotros,
Virgen digna de alabanza, ruega por nosotros,
Virgen poderosa, ruega por nosotros,
Virgen clemente, ruega por nosotros,
Virgen fiel, ruega por nosotros,
Virgen flor del Carmelo, ruega por nosotros,
Espejo de justicia, ruega por nosotros,
Trono de la sabiduría, ruega por nosotros,
Causa de nuestra alegría, ruega por nosotros,
Vaso espiritual, ruega por nosotros,
Vaso honorable, ruega por nosotros,
Vaso insigne de devoción, ruega por nosotros,
Rosa mística, ruega por nosotros,
Torre de David, ruega por nosotros,
Torre de marfil, ruega por nosotros,
Casa de oro, ruega por nosotros,
Arca de la alianza, ruega por nosotros,
Puerta del cielo, ruega por nosotros,
Estrella de la mañana, ruega por nosotros,
Salud de los enfermos, ruega por nosotros,
Refugio de los pecadores, ruega por nosotros,
Consuelo de los afligidos, ruega por nosotros,
Auxilio de los cristianos, ruega por nosotros,
Patrona de los carmelitas, ruega por nosotros,
Reina de los ángeles, ruega por nosotros,
Reina de los patriarcas, ruega por nosotros,
Reina de los profetas, ruega por nosotros,
Reina de los apóstoles, ruega por nosotros,
Reina de los mártires, ruega por nosotros,
Reina de los confesores, ruega por nosotros,
Reina de las vírgenes, ruega por nosotros,
Reina de todos los santos, ruega por nosotros,
Reina concebida sin pecado original, ruega por nosotros,
Reina asunta al cielo, ruega por nosotros,
Reina del Santísimo Rosario, ruega por nosotros,
Reina de la familia, ruega por nosotros,
Reina de la paz, ruega por nosotros,
Esperanza de todos los carmelitas, ruega por nosotros,

Cordero de Dios, que quitas los
pecados del mundo,
R/. perdónanos, Señor.
Cordero de Dios, que quitas los
pecados del mundo,
R/. escúchanos, Señor.
Cordero de Dios, que quitas los
pecados del mundo,
R/. ten piedade de nosotros.

V/. Ruega por nosotros Santa
Madre de Dios,
R/. Para que seamos dignos de
alcanzar las promesas de Nuestro
Señor Jesucristo. Amén.

Oremos. Concédenos, Señor, a
nosotros tus siervos, gozar de perpetua salud de alma y de cuerpo,
y por la gloriosa intercesión de la
bienaventurada siempre Virgen
María, vernos libres de las tristezas de la vida presente y gozar
de las alegrías eternas. Por Cristo
nuestro Señor.

Amén.
San Lucas, cap. 18, 15-30

También le presentaban niños para que los to-case; viendo lo cual, los discípulos los reprendían. Jesús los llamó a sí, diciendo: Dejad que los niños vengan a mí y no se lo prohibáis,que de ellos es el reino de Dios. En verdad os digo: quien no reciba el reino de Dios como un niño, no entrará en él. Cierto personaje le preguntó, diciendo: Maes-tro bueno, ¿qué haré para alcanzar la vida eterna? Jesús le respondió: ¿Por qué me llamas bueno? Na-die es bueno sino sólo Dios. Ya sabes los pre ceptos: No adulterarás, no matarás, no ro-barás, no levantarás falso testimonio, honra a tu-padre ya tu madre. Díjole él: Todos esos precep-tos los he guardado desde la juventud. Oyendo esto Jesús, le dijo: Aún te queda una cosa:Vende cuanto tienes y repártelo a los pobres, y tendrás un tesoro en el cielo, y luego sígueme. Él, oyen do esto, se entristeció, porque era muy rico. Viéndolo Jesús, dijo: Qué difícilmente entran en el reino de Dios los que tienen riquezas! Porque más fácil es que un camello pase por el ojo de una aguja que el que un rico entre en el reino de Dios. Dijeron los que le oían: Entonces,¿quién puede salvarse? Él respondió: Lo que es imposible a los hombres, es posible para Dios. Díjole Pedro: Pues nosotros, dejando todo loque teníamos, te hemos seguido. Él les dijo: En verdad os digo que ninguno que haya dejado casa, mujer, hermanos, padres e hijos por amoral reino de Dios dejará de recibir mucho más en este siglo y la vida eterna en el venidero.
Capítulo IV
Naturaleza de la perfecta devoción a la Santísima Virgen ó la perfecta consagración a Jesucristo

120. Como toda nuestra perfección consiste en estar conformados, unidos y consagrados a Jesucristo, la más perfecta de todas las devociones es, sin duda alguna, aquella que más perfectamente nos conforma, une y consagra a Jesucristo. Ahora bien, siendo María la más conforme a Jesucristo entre todas las criaturas, se puede deducir que de todas las devociones, la que más consagra y conforma un alma a Nuestro Señor, es la devoción a la Santísima Virgen, su Madre Santísima, y que en la medida en que un alma fuere consagrada a María, más lo será a Jesucristo. He aquí el porqué la perfecta consagración a Jesucristo, no es otra cosa que una perfecta y entera consagración de sí mismo a la Santísima Virgen, que es la devoción que yo enseño; o dicho de otra forma, una perfecta renovación de los votos y promesas del santo bautismo.

Artículo I
Una perfecta y entera consagración de sí mismo a la Santísima Virgen

121. Esta devoción consiste, pues, en darse enteramente a la Santísima Virgen, para ser por Ella todo entero de Jesucristo. Es preciso darle:
1º – Nuestro cuerpo con todos sus sentidos y sus miembros;
2º – Nuestra alma con todas sus potencias;
3º – Nuestros bienes exteriores que son llamados de fortuna, presentes o venideros;
4º – Nuestros bienes interiores y espirituales, que son nuestros méritos, virtudes y buenas obras pasadas, presentes y futuras: en dos palabras, todo lo que poseemos en el orden de la naturaleza y en el orden de la gracia; y todo lo que podremos tener en lo venidero en el orden de la naturaleza, de la gracia, o de la gloria, sin reserva alguna, ni de un céntimo que sea, un solo cabello, y la menor buena acción; y esto, por toda la eternidad, sin pretender ni esperar ninguna otra recompensa de nuestro ofrecimiento y servicio, más que el honor de pertenecer a Jesucristo por Ella y en Ella, aun cuando esta amabilísima Señora no fuera, como lo es siempre, la más liberal y agradecida de las criaturas.

122. Aquí es necesario resaltar que hay dos cosas en las buenas obras que realizamos: la satisfacción, y el mérito; o dicho de otra manera, el valor satisfactorio o impetratorio, y el valor meritorio. El valor satisfactorio o impetratorio de una buena acción, es buena obra en la medida en que satisface la pena debida al pecado u obtiene alguna nueva gracia; el valor meritorio, o el mérito, es buena acción en cuanto merece la gracia y la gloria eterna. Ahora bien, en esta consagración de nosotros mismos a la Santísima Virgen, le damos a Ella todo el valor satisfactorio, impetratorio y meritorio, o mejor dicho, las satisfacciones y méritos de todas nuestras buenas obras; le damos nuestros méritos, nuestras gracias y nuestras virtudes, no para comunicarlas a otros, sino a fin de que nos los conserve, aumente y embellezca, como diremos luego; le damos nuestras satisfacciones para que las comunique a quien bien la pareciere, y para la mayor gloria de Dios.

123. De esto se sigue: 1º – Que por esta devoción se da a Jesucristo de la manera más perfecta (puesto que se hace por manos de María) todo aquello que se le puede dar, y mucho más que por las otras devociones, en que se le da una parte de su tiempo, o una parte de sus buenas obras, o una parte de sus satisfacciones y mortificaciones. Aquí, todo es dado y consagrado, hasta el derecho de disponer de sus bienes interiores, y las satisfacciones que se ganen día a día por sus buenas obras, cosa que no se hace ni aún en Orden religiosa alguna. En las diversas Órdenes se dan a Dios los bienes de fortuna por el voto de pobreza; los bienes del cuerpo, por el voto de castidad; la propia voluntad, por el voto de obediencia; y algunas veces la libertad del cuerpo, por el voto de clausura; pero no se le da la libertad o el derecho que se tiene de disponer del valor de sus buenas obras, no despojándose por tanto el alma cuanto puede, de aquello que el hombre cristiano tiene de más precioso y querido, que son sus méritos y satisfacciones.

124. 2º – Se sigue también que una persona que así voluntariamente se ha consagrado y sacrificado a Jesucristo por María, no puede disponer más del valor de ninguna de sus buenas acciones; todo lo que él sufre, lo que piensa, dice y hace de bueno, pertenece a María, a fin de que Ella disponga de eso según la voluntad de su Hijo, y para su mayor gloria, sin que entre tanto esta dependencia perjudique de manera alguna a las obligaciones de estado en que se esté al presente, o en que se pudiere llegar a estar: por ejemplo, a las obligaciones de un sacerdote que por su oficio o por cualquier otra razón, deba aplicar el valor satisfactorio e impetratorio de la Santa Misa a un particular; pues no se hace esta ofrenda sino según el orden de Dios y los deberes de su estado.

125. 3º – Se deduce por último, que se consagra todo al mismo tiempo a la Santísima Virgen y a Jesucristo; a la Santísima Virgen, como al medio perfecto que Jesucristo ha escogido para unirse a nosotros y unirnos a nosotros a Él; y a Nuestro Señor, como a nuestro último fin al cual debemos todo lo que somos, como a nuestro Redentor y a nuestro Dios.

Lecciones del Curso

Bibliografía

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ROYO MARÍN, Antonio. La Virgen María. Madrid: BAC, 1968.

SAN LUIS MARÍA GRIGNON DE MONTFORT. Tratado de la verdadera devoción a la Santísima Virgen. Madrid: Apostolado de la Prensa, 1910.

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